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Cultura

CRESCENT RECHAZO SOCIAL AL MALTRATO DE ANIMALES

Agencia Reforma

Monterrey, NL 2 agosto 2026.- El rechazo al maltrato animal aumenta, mientras activistas exigen leyes más fuertes y castigos que realmente se cumplan.

Castigos débiles

El caso del perrito Rocky, un gran pirineo de 14 años que murió tras ser arrastrado y atropellado de forma intencional por su dueña, hace algunos días, en Saltillo, causó indignación a nivel nacional.

Unos días antes, durante un programa en vivo, el conductor Pedro Sola criticó la presencia de mascotas en establecimientos pet friendly y aseguró que le daban ganas de “aventar un trozo de carne envenenada”.

Ambos casos desataron una serie de denuncias ciudadanas en redes sociales que, una vez más, evidencian cómo la sociedad contemporánea está cada vez más consciente del cuidado y la protección que merecen los animales.

“Ha habido un incremento en el interés por el asunto del bienestar animal”, señala Ivonne Escárcega, del colectivo Unidos por el Bienestar Animal N.L.

“Cada que publicamos un caso de maltrato (en redes sociales), la indignación no se hace esperar”.

El maltrato y la crueldad hacia los animales siempre han existido, pero la manera en que la sociedad los percibe se ha transformado.

Hasta hace no mucho era “normal” tener a un perro en el patio, la azotea o amarrado todo el día, incluso sin agua ni comida, algo que hoy es considerado negligencia y está penado por la ley.

El largo trabajo de los activistas, las redes sociales y las políticas públicas han contribuido a ese cambio cultural.

“Creo que en los últimos años, menos de una década, todo el país ha experimentado un cambio importante”, indica Celia Olvera, rescatista y voluntaria de Prodefensa Animal A.C. (Prodan).

“La ciudadanía está mucho más informada, denuncia con mayor frecuencia, exigen investigaciones, sanciones severas y demanda que las autoridades implementen políticas públicas para proteger a los animales”.

El maltrato y la crueldad animal están tipificados como delito en Nuevo León desde 2015 y el Código Penal establece sanciones que van desde seis meses hasta cuatro años de prisión, según la gravedad.

No obstante, las penas son tan bajas que los agresores pueden evitar la cárcel mediante el pago de una fianza o trabajo comunitario.

De acuerdo con información proporcionada por la Fiscalía General de Justicia de Nuevo León, entre 2019 y 2025 se abrieron mil 207 carpetas de investigación por maltrato animal, de las cuales 404 correspondieron a casos en los que el animal murió, y ninguna persona ha cumplido prisión efectiva.

“No hay nadie en la cárcel, no se cobran multas por el maltrato y la crueldad”, señala el abogado Gerardo Prado Hernández, cofundador de Huaperros.

“Nadie tiene una consecuencia realmente importante”.

Lucha pendiente

Cuando era niña, la rescatista Guillermina Delgado observaba casos de maltrato que pasaban desapercibidos.

“No existía nada que los protegiera, solamente la buena voluntad de los que los queríamos”, dice la mujer de 65 años.

En 2015 se promulgó la Ley de Protección y Bienestar Animal para la Sustentabilidad del Estado de Nuevo León, la cual establece que el maltrato abarca la negligencia y la omisión, mientras que la crueldad se refiere a actos de violencia.

Ambos conceptos quedaron tipificados bajo un mismo tipo penal ese año en el Código Penal.

Sin embargo, de acuerdo con ese mismo marco legal, las personas que cometan este delito pueden evitar la pena de cárcel mediante trabajo comunitario, el pago de multas o tratamiento psicológico.

“No nos faltan leyes”, indica Escárcega. “El problema es que el sistema está diseñado para que nadie vaya a la cárcel”.

Pero tampoco se trata sólo de incrementar las penas, aclara, como algunos políticos han propuesto.

Aunque el Gobernador Samuel García ha asegurado que los animales son reconocidos como seres sintientes, afirma Escárcega, el Código Civil los considera un “bien mueble” u objeto, lo que obstaculiza que su maltrato sea castigado.

“Queremos que sean sujeto de especial protección”, indica. “Que entren en el catálogo de quienes el Estado tiene la obligación de proteger”.

Este ajuste forma parte de una serie de iniciativas de reforma legal que presentarán en los próximos meses.

Los activistas destacan que hace falta mayor capacitación para los ministerios públicos y que se destine presupuesto para atender a las víctimas, pues quienes terminan haciéndose cargo son las asociaciones, con sus propios recursos.

Además, la ley sólo considera el maltrato hacia animales domésticos, lo que dificulta el castigo en casos de especies silvestres, como Mina, la osa que falleció en junio tras haber sido rescatada en condiciones críticas de La Pastora.

“Que todos los gallos, animales de producción y fauna silvestre tengan la misma protección”, apunta Escárcega.

Los activistas destacan que también hace falta un mayor compromiso por parte de la ciudadanía.

Se estima que 7 de cada 10 hogares mexicanos tienen una mascota, al mismo tiempo que hay alrededor de 30 millones de perros y gatos viviendo en las calles del país, muchos de ellos tras haber sido abandonados.

“Es involucrarnos a través de la adopción responsable, la esterilización y las denuncias objetivas”, dice Olivares.

“Y, sobre todo, apoyar a un animal que necesita ayuda inminente: darle agua, alimento, resguardo o trasladarlo en caso de que necesite una atención (médica) urgente”.

Responsabilidad compartida

El cambio cultural ha sido tan grande que hoy los perros y gatos se han convertido en un integrante más de la familia y de la sociedad: viajan con sus dueños, acuden a restaurantes y pasean por los mismos espacios públicos.

Con ello también vienen mayores responsabilidades para quienes tienen un animal de compañía.

“Recomendaría que contrataran un adiestrador para que, al menos, pudiera evaluar el temperamento del perro y si es recomendable que visite o no lugares pet friendly”, aconseja el veterinario Luis Tijerina.

Es importante conocer cómo se comporta cuando está nervioso, asustado o estresado.

El código universal de colores para mascotas es una iniciativa global que utiliza accesorios para indicar el temperamento del perro. La nueva reforma de la Ley estatal ya lo exige como parte de las reglas en los establecimientos pet friendly.

Algunas personas los consideran sus “perrhijos” o “gathijos”, y acostumbran celebrarles sus cumpleaños, comprarles ropa y hasta pasearlos en carriolas, lo que puede llegar a ser riesgoso en ciertos casos.

“Humanizar también es parte del maltrato porque va en contra de la naturaleza (del animal)”, enfatiza Tijerina, voluntario de Humanízate: Aprende de un perro, organización que promueve la tenencia responsable y el bienestar psicológico.

Siempre que salgan de casa, los animales deben portar collar con placa de identificación, así como correa.

También es fundamental mantener el control veterinario mediante vacunas, desparasitaciones y cuidados de higiene.

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) del INEGI correspondiente al segundo trimestre de 2026, los problemas relacionados con animales domésticos se ubicaron como el cuarto conflicto vecinal más frecuente entre la población de 18 años y más.

Esta queja está por debajo del ruido, la basura tirada o quemada y los problemas de estacionamiento por lo que el adiestramiento es útil para la convivencia.

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