...
Cultura

UNA NOVELA RASTREA EN XILITLA EL SUEÑO DE EDWARD JAMES

Ciudad De México 14 julio 2026.- Movido por una voz para buscar o hacer él mismo una suerte de refugio, el artista británico Edward James terminó concibiendo su famoso jardín surrealista conocido como Las Pozas.

 Un importante enclave del surrealismo en México que el escritor estadounidense Michael Sledge visitó por primera vez hace dos décadas, presentándosele como una revelación.

 “Yo sabía desde esa primera vez que había una historia atrás de todo eso”, cuenta el autor (Houston, 1962) en entrevista telefónica.

 “En ese momento no sabía nada, pero empecé a investigar, y encontré una historia tan fantástica como el lugar”.

 Ése es el origen de su más reciente libro, titulado precisamente Las Pozas (Dharma Books), en el que narra el empeño de aquel aristócrata inglés -quien apoyó a figuras de la talla de Salvador Dalí, René Magritte o George Balanchine- por materializar su edénica visión en México, a donde arribó en la década de 1940.

 “Fue muy importante en los principios del movimiento surrealista en Europa; pero él, en lugar de mecenas, quiso ser artista. Entonces, llegó a México pensando que en este país de sueños y posibilidades él podía hacer su gran obra. Y eso es lo que hizo”, expone Sledge, radicado en Oaxaca.

 “Encontró una finca abandonada en la Huasteca Potosina, y empezó a jugar, a experimentar con formas orgánicas, y, eventualmente, creó más de 300 estructuras saliendo de ese paisaje frondoso, con agua y mariposas y pájaros () Es un sueño en el medio de la jungla”.

 Mas esta proeza, el “proyecto de un loco inglés que llegó a México”, como dice Sledge, no es algo que haya acometido él solo, sino que contó con la complicidad de Plutarco Gastelum, un joven sonorense de quien quedó prendado tras conocerlo en una oficina de telégrafos.

 A falta de bibliografía suficiente sobre este capítulo del surrealismo en el País, el autor tuvo que recurrir a los testimonios de diferentes personas, ya sea que hubieran trabajado en la región o cerca de los protagonistas de esta historia; “pasé tiempo en el pueblo de Xilitla hablando con gente”, comparte el autor.

 Incluso conoció a Kako Gastelum, hijo menor de Plutarco que había heredado Las Pozas siendo muy joven; “un chico de 20 años intentando manejar esa como fantasía que había hecho durante 40 años su papá. Entonces, fue un legado, en mi opinión, muy pesado”, considera Sledge.

 En 2007, la Fundación Pedro y Elena Hernández, A. C., adquirió la propiedad.

 “Y hay unos archivos de Edward James en Inglaterra, pero no me dieron permiso de verlos; intenté cuatro veces, y cada vez me rechazaron. Todavía no entiendo por qué.

 “Entonces, realmente sí tuve que usar la imaginación”, admite el autor. “Imagino la vida privada y los pensamientos, la vida interior”.

 Fue en una de esas visitas al onírico jardín, recuerda, donde las propias piezas escultóricas nutrieron su imaginario en torno a lo que debió haber implicado a nivel personal un proyecto así para sus artífices.

 “Empecé como a leer las esculturas, y eso realmente me ayudó mucho a pensar no solamente en las acciones o la secuencia de cuándo construyeron (este espacio), sino, atrás de eso, en sus frustraciones, sus deseos, sus sueños, y todo eso”.

 De ahí que a lo largo de los 33 capítulos de esta novela el foco esté puesto no tanto en los esfuerzos técnicos o en la teoría del arte, sino en la dimensión humana, en las pasiones, arrebatos, inquietudes y aflicciones de quienes erigieron tan excéntrico paisaje.

 Y Sledge optó por estructurar el relato alrededor de un pasaje en el que James sale malherido de un accidente, y cree que alguien ha intentado matarlo. Lo cual no era un pensamiento fortuito, pues entre algunos pobladores el sueño que edificaba resultaba “una afrenta al trabajo duro y la seriedad necesarios para ganarse la vida honradamente”, según escribe el autor.

 “No le hago daño a nadie () Intento crear algo hermoso. Puede que no estemos de acuerdo, lo que es bello para mí puede no serlo para otros, y puede que ni usted ni sus amigos entiendan mi impulso. Probablemente sea completamente irracional para ustedes. La belleza siempre es irracional, pero nunca es inmoral”, hace decir Sledge al británico en el libro.

 Sobre si a la postre James consiguió el reconocimiento que tan esmeradamente reclamaba de la élite cultural, el autor observa que ha sido poco el interés hacia él. Sin embargo, celebra que poco a poco se le da más peso, de modo semejante a como ha ocurrido en años recientes con las mujeres surrealistas.

 “Veo eso también en Edward James. Creo que está creciendo un poco más como una figura importante. Entonces, vamos a ver”.

¿Un romance gay?

 Aunque afincado en el País desde 2007, y ya naturalizado como mexicano, a Sledge le preocupaba que su obra acarreara comentarios del tipo: “¿Quién es ese pinche gringo escribiendo sobre nosotros?”, comenta, con humor.

 Sin embargo, la recepción que ha tenido Las Pozas en realidad ha sido positiva, y lo celebra.

 En todo caso, una crítica que sí recibió acusaba más bien que desaprovechó “la posibilidad de representar una pareja gay en términos bonitos”, a propósito del vínculo afectivo entre Edward y Plutarco.

 “Y pensé: Pues no es una pareja gay () Es otra cosa, como todo en México, mucho más interesante, mucho más escondido, mucho más en un área gris y sin etiqueta. Y eso, para mí, es perfecto para esa historia.

 “Es una relación que duró 40 años. Y lo que me interesaba era saber cuál es el pegamento de una relación de 40 años y una colaboración creativa”, prosigue el autor. “Empecé a pensar que si tuvieron sexo o no, no me importa. No es interesante”.

 En sus incursiones en busca de voces para poder reconstruir la génesis de Las Pozas, Sledge constató que hay varios rumores alrededor; “sobre esa historia hay mucha gente con sus propias ideas, sus propias versiones”, afirma.

 “Casi todo el mundo llega a esa historia creyendo, sin duda, que esos dos hombres eran pareja. Su familia (los Gastelum) niega eso, no les gusta hablar de eso, y dicen que eso no fue la realidad, que eran amigos, nada más”.

 Para Sledge, es más intrigante aún la figura de Marina, una lugareña invitada por el británico a vivir con ellos, lo cual no estuvo desprovisto de escándalo; “entonces, tuve que imaginar qué ganaba ella, ¿por qué estaba ahí? Ésa fue una pregunta para mí muy interesante”.

 Al final, aunque en un momento Sledge plasma las tensiones al interior de este triángulo diciendo que “con el paso del tiempo Plutarco ya no entendía el juego, y había algo rancio en ejecutar las fantasías cada vez más salvajes de Edward”, páginas adelante resume el aprecio que compartían con tan ambicioso proyecto de por medio.

 El objetivo, quizás, era crear algo más que belleza, expresaría Plutarco a su compañero: “Creo que, a tu loca manera, querías construir una especie de umbral hacia el otro mundo, donde Dios y el hombre puedan tomarse de la mano”.

 Las Pozas se presentará el 7 de agosto, a las 19:00 horas, en el bar Winona Por Siempre de Coyoacán; acompañarán al autor Alberto Aranda y Gabino Flores.

Seraphinite AcceleratorOptimized by Seraphinite Accelerator
Turns on site high speed to be attractive for people and search engines.