Cultura

UNA EVANGELISTA DEDICADA A LA MÚSICA ANTIGUA: JEANNETTE SORRELL

Ciudad de México 3 agosto 2026.- Con la certeza de que Bach, Monteverdi, Purcell o Vivaldi pueden conmover hoy con la misma intensidad con la que lo hicieron hace tres siglos, la directora y clavecinista Jeannette Sorrell (San Francisco, 1965) ha construido su carrera.

 “Soy una especie de evangelista de la música antigua”, dice en entrevista la directora estadounidense, abocada al repertorio barroco y clásico.

 Su filosofía musical nace de una idea barroca, defendida por los tratadistas de los siglos 17 y 18: que la música existe para mover las emociones y transformar el ánimo de quien escucha.

 “Por eso, honestamente, fundé Apollo’s Fire”, explica sobre su ensamble barroco. “Quería un grupo concentrado en decidir la dirección emocional de cada frase, y en ser muy claro al tocarla, para que el público lo sienta”.

 Percibía que otras orquestas no ponían ahí el acento. Su propósito, recalca, es llevar la sensibilidad interpretativa del barroco a las agrupaciones contemporáneas.

 En Cleveland levantó, casi de la nada, un público numeroso para el repertorio antiguo. Su misión fue devolverle a esa música el drama y la retórica que sus propios compositores buscaron.

 “Cuando le das ese sentido de tiempo espontáneo, de suspenso y libertad, con un sonido más puro y mucho ritmo, la música se vuelve muy accesible y le habla al público de inmediato”.

 Para lograrlo elige intérpretes expresivos y de gran presencia escénica.

 “Para que sea divertido de ver, no sólo de escuchar”, recalca Sorrell, quien alista para este fin de semana su debut en México.

 Se formó como pianista, y a los 14 o 15 años ya dirigía a instrumentistas y cantantes desde el teclado, en su iglesia. En la preparatoria descubrió las grabaciones de Bach y Mozart en instrumentos de época que llegaban de Europa, y quedó prendada de su sonido. Tomó lecciones de clavecín en Ámsterdam con Gustav Leonhardt, uno de los fundadores del movimiento de la interpretación históricamente informada. A diferencia del piano, este instrumento no le exigía cuatro horas diarias de práctica y era ideal para su manos pequeñas y estrechas. En paralelo, siguió con sus estudios de dirección orquestal.

 En 1992 fundó Apollo’s Fire, la orquesta de repertorio renacentista y barroco de Cleveland que hoy tiene también sede en Chicago. El nombre alude al dios de la música y del sol y al ideal barroco que ella abraza: la música es capaz de encender las pasiones del oyente.

 Una puerta que se abrió cuando antes otras se le habían cerrado por ser mujer. En la Escuela Juilliard, el profesor de dirección, Otto-Werner Mueller, no la aceptó en su clase porque “las orquestas no aceptarían a una mujer como directora”, a pesar de que ella había superado las tres rondas eliminatorias y llegado a la final.

 Años después, en el 91, la Orquesta de Cleveland la invitó a audicionar para el puesto de directora asistente, pero su titular, Christoph von Dohnányi, se negó a escucharla con el argumento de que el público de esa ciudad jamás aceptaría a una mujer al frente.

 “Haber tenido estas experiencias con dos prominentes directores fue un shock”, reconoce. “Pero mis padres me enseñaron que podía lograr lo que quisiera si trabajaba duro”.

 Sorrell llegó a Cleveland con sobradas credenciales, al ser una de las estudiantes más jóvenes en los cursos de dirección de los festivales de Aspen y Tanglewood, donde estudió con Leonard Bernstein, Roger Norrington y Robert Spano.

 “Me dije: ‘Ésa puerta está cerrada, probaré otras'”, cuenta. “Tuve que fundar mi propio grupo, porque no me iba a contratar una orquesta ya existente”.

 Diez años después de aquella entrevista en Cleveland, Apollo’s Fire debutó en el Severance Hall, la casa de esa orquesta, con localidades agotadas. A Sorrell le asignaron el camerino del director, el mismo que usaba Von Dohnányi.

 “Estuve muy tentada a dejarle una nota”, ríe. “Hola: Creo que el público de Cleveland ya aceptó a una mujer como directora”.

 Hoy el panorama es distinto. El movimiento Me Too, hacia 2019 y 2020, cambió las cosas en la música clásica, considera.

 “Las orquestas empezaron a mirar alrededor y a preguntarse quiénes eran las buenas directoras que podrían contratar”. Cita a Elim Chan, designada directora musical de la Sinfónica de San Francisco, la primera mujer al frente de esa orquesta en sus 115 años de historia, y a otra colega, la lituana Mirga Grainyt–Tyla, que ha dirigido varias veces la Filarmónica de Nueva York, que ha conducido también la propia Sorrell tres ocasiones, y una cuarta vendrá en diciembre.

 La orquesta neoyorquina vivió una época dorada con Bernstein, a quien Sorrell le emociona evocar; estudió con él en Tanglewood durante el último verano de la vida del compositor. La clase reunía a ocho o diez alumnos de todo el mundo, y él impartía la lección en el idioma del estudiante: francés, alemán, italiano, ruso, hebreo… Al alumno chino lo saludó en su lengua y luego se disculpó: tendría que seguir en inglés, porque apenas empezaba a aprender mandarín.

 “En su último año, a punto de morir, estaba aprendiendo chino”, recuerda. “Ese espíritu de querer aprender siempre, de ser un ser humano en el mundo y no vivir en una torre de marfil, me marcó profundamente”.

 Su historia inspiró el documental Playing with Fire: Jeannette Sorrell and the Mysteries of Conducting (2019), del cineasta Allan Miller, dos veces ganador del Oscar, donde plantea la idea del director como narrador.

 Dirigir a una gran orquesta moderna, dice, exige gestos más amplios y ser “realmente una directora”. Apollo’s Fire, en cambio, es “una familia musical” que no necesita tanto una batuta como “una intérprete”.

 Para su debut en México, al frente de la Orquesta Sinfónica de Minería (OSM), dejará el clavecín para afrontar un programa clásico y del primer romanticismo.

 Dirigirá la Sinfonía No. 8, Inconclusa, de Schubert; el Concierto para violín No. 4; de Mozart, y la Sinfonía No. 103, Redoble del timbal, de Haydn, una obra “dramática y hasta misteriosa” que, promete, hará sentir al público que descubre “una nueva sinfonía de Beethoven”.

 La Inconclusa la abordará desde una perspectiva históricamente informada, con menos vibrato y otro uso del arco: el primer movimiento, “agitado y nervioso”; el segundo, “una visión del cielo”.

 Los conciertos, en los cuales será solista la violinista mexicana Shari Mason, serán el sábado 8 de agosto, a las 20:00 horas, y el domingo 9, al mediodía, en la Sala Silvestre Revueltas del Centro Cultural Ollin Yoliztli, una de las sedes alternas de la Temporada de Verano de la OSM mientras se remodela la Nezahualcóyotl.

 “Estoy muy emocionada; nunca he estado en México”, confiesa, aunque lamenta no haber estudiado español, a diferencia del francés, el alemán y el italiano, “los idiomas que estudiamos los músicos por la ópera”.

 Le entusiasma, dice, “ver los colores y sentir los olores” de la cultura del País.

 La música tiene que hablarle directamente al público. Con esa convicción, la misma con la que fundó Apollo’s Fire, la “evangelista de la música antigua” debuta en México.