UN CAMPO QUE GUARDA RECUERDOS
Monterrey, NL 22 julio 2026.- Abre anoche con éxito “Autobiografía del algodón”, puesta basada en la novela de Cristina Rivera Garza, el Encuentro Estatal de Teatro NL.
Al seguir las huellas de su familia, campesinos y habitantes del noreste mexicano, la autora termina reconstruyendo no sólo su pasado, sino también el ascenso y caída de un territorio cuya prosperidad se cimentó en el cultivo del algodón y cuya decadencia abrió paso al desplazamiento y posteriormente a la violencia.
La puesta en escena plantea la forma en la que habitamos las fronteras, transformándose en un espacio y condición para la memoria.
Una serie de archiveros ocupan el espacio y, al fondo, una imagen que remite al paisaje rupestre del noreste mexicano, mientras que el viento del desierto invade la sala.
Rosalva Eguía conduce la pieza escénica, siendo en ocasiones la voz de Cristina. De los archiveros se extraen expedientes, fotografías y recuerdos.
Poco a poco, el archivo deja de ser un depósito de documentos para convertirse en una memoria viva y colectiva.
En este motor de acción, una decisión muy acertada de la puesta, consiste justamente comprender que el archivo se convierte en un cuerpo vivo que respira y produce imágenes sensoriales.
Así entonces, como Rivera Garza construye su novela a partir de cartas, actas, diarios e investigaciones, el montaje convierte estos materiales en un lenguaje teatral donde los objetos aparecen, no como una verdad objetiva, única y cerrada, sino como la reconstrucción subjetiva permanente de la memoria.
¿No es el olvido y el recuerdo también una frontera?
La historia avanza de manera anacrónica.
La huelga de la Estación Camarón, documentada por un joven José Revueltas enviado por el Partido Comunista, convive con los diarios de Petra Peña, con la historia familiar de la autora, con la enfermedad de su madre, con la muerte de su hermana Liliana y con el presente de una frontera marcada por la violencia.
Entonces, lejos de buscar una linealidad histórica, la puesta apela a la lógica del archivo: documentos de distintas épocas que dialogan entre si.
En otro momento, aparece también la contradicción del mito de nuestro desierto.
El desierto no está vacío, quizá sólo había sido silenciado por ausencia de un relato.
La obra nos recuerda que todo territorio comienza por una forma de nombrarse. En la pregunta por definir a una frontera, nos preguntamos entonces: ¿qué es lo que significa pertenecer a un lugar?
Los personajes migran, son expulsados o regresan. Descubren incluso un pasado indígena que había estado oculto. Migrar, dice Cristina, implica también borrar parte de la memoria y escribir se convierte en el acto de recuperar aquello que parecía condenado al olvido.
Prolongando el gesto con el que Rivera Garza dedica su novela, los actores ofrecen la función a sus familias, a sus ancestros, a sus seres queridos. La memoria deja de ser exclusivamente personal y se traslada a una experiencia compartida.
Lo personal, lo íntimo y lo colectivo, se funden y dejan de ocupar territorios distintos.
Fiel al estilo de Ontiveros y de Gorguz, el lenguaje escénico logra traducir la palabra en imagen. En lugar de ilustrar aquello que el texto narra, construye imágenes visuales que permiten al espectador experimentar físicamente la memoria.
El escenario se reorganiza constantemente y nunca oculta el mecanismo de transformación.
Queda claro que el propósito del montaje no es trasladar la novela al escenario, sino preguntarse de qué manera el teatro puede habitar estas mismas fronteras: entre el documento y la ficción, entre la realidad y la representación, entre el recuerdo y el olvido, entre la palabra escrita y la imagen escénica.
Cada objeto es un documento que adquiere una nueva existencia, que modifica el presente, su recuerdo y cada cuerpo presta temporalmente su voz a quienes no pueden hablar.
La frontera, entonces queda también difusa entre la realidad y la ficción. El teatro las obliga a convivir. La obra se resiste en aceptar al olvido como destino.
Si la huelga no hubiera sido documentada por Revueltas, probablemente habría desaparecido de la memoria colectiva. Si Cristina no hubiera seguido las huellas de su familia, quizá muchas de estas voces aún permanecerían en silencio.
¿Qué habría sucedido si Gorguz no la hubiera llevado al escenario? El teatro es un archivo vivo. Donde el papel y las palabras recuperan cuerpo, donde los objetos objetan el olvido y donde el territorio deja de ser un espacio para ser una experiencia colectiva.
“Autobiografía del algodón” no redefine únicamente la idea de la frontera, sino la del propio teatro. El escenario se propone como un territorio liminal donde se encuentran nuevas formas para contar, donde la ficción permite imaginar lo que la historia no alcanzó a registrar y donde todos somos testigos de un presente que acontece.
Las fronteras no serían ya las líneas que separan un mundo de otro, sino el lugar donde nos podemos encontrar.
ASISTE
Hoy en el Encuentro Estatal de Teatro Nuevo León:
HAPPYLAND
Una aventura musical con cantantes y música en vivo.
Para público de 15 años en adelante.
– 18:00 y 20:30 horas
– Escenario de la Gran Sala del Teatro de la Ciudad
– Cupo limitado
DEL SUELO AL SILABARIO
Obra que rescata las memorias de una maestra rural.
Adolescentes y adultos.
– 18:00 y 20:30 horas
– Sala Experimental del Teatro de la Ciudad
– Cupo limitado
ABREN TELÓN A DIVERSAS ÓPTICAS
Dalia Gutiérrez
El teatro es capaz de reunir al público con preguntas que no siempre tienen respuestas sencillas, pero que invitan a ver la realidad desde diferentes ángulos, dijo anoche Ricardo Marcos, Secretario Técnico de Conarte, al abrir la edición 36 del Encuentro Estatal de Teatro Nuevo León.
“Nos ayuda a confrontar nuestros prejuicios y, en el mejor de los casos, incluso hacernos cambiar de opinión en algunas de nuestras visiones rígidas. Esa posibilidad de encuentro es uno de los mayores valores de este evento”, indicó.
La fiesta teatral arrancó con la puesta “Autobiografía del algodón”, adaptación de la novela homónima de Cristina Rivera Garza, en la Gran Sala del Teatro de la Ciudad.
El público, que ocupó cerca de la mitad del recinto, disfrutó la función presentada por la Compañía Gorguz Teatro, bajo la dirección de Alberto Ontiveros.
La programación del encuentro, que continúa hoy y culmina el domingo, contempla otras 11 puestas. Las sedes serán el Teatro de la Ciudad, Aula Magna y Teatro del Centro de las Artes. Organizan Conarte y la Secretaría de Cultura estatal.
Con excepción de la puesta inaugural, que tuvo acceso libre, las demás funciones tienen un costo de 150 pesos para público general y 100 para menores de 12 años, alumnos, maestros y mayores.
A la apertura asistieron también César Tapia, director del Teatro de la Ciudad, y Emanuel Anguiano y Patricia Loya, coordinador y vocal de Teatro en Conarte.
