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TAMBIÉN EL ODIO ‘RECLUTA’ A JÓVENES

Agencia Reforma

Guadalajara, Jalisco 8 noviembre 2026.- Ven expertos que vulnerabilidad psicológica de jóvenes, expresada en odio o resentimiento, influye en reclutamiento de incels o crimen.

La necesidad de pertenencia, reconocimiento y poder puede convertirse en un punto de encuentro entre adolescentes que se acercan a comunidades misóginas en Internet y aquellos que son reclutados por el crimen organizado.

Los primeros pueden encontrar en los discursos Incel una explicación para sus frustraciones afectivas y un enemigo al cual responsabilizar, mientras que los segundos reciben promesas de dinero, acceso a armas y una posición de poder.

Y aunque al parecer las motivaciones de unos y otros son muy diferentes, especialistas de la Universidad de Guadalajara (UdeG) advierten que detrás de ambos fenómenos existen condiciones sociales y psicosociales similares que pueden volver vulnerables a los jóvenes.

Los ataques registrados en la Universidad Tecnológica de Guadalajara (UTEG), en marzo de 2024; en una preparatoria de Lázaro Cárdenas, Michoacán, en marzo de este año, y el más reciente en una secundaria de Torreón, Coahuila, en octubre, han puesto de manifiesto la violencia que puede surgir de comunidades digitales que promueven el odio hacia las mujeres y la admiración por los agresores.

Christian Israel Huerta Solano, coordinador del Doctorado Interinstitucional en Psicología de la UdeG, explicó que las comunidades Incel, integradas principalmente por hombres que se identifican como célibes involuntarios, evolucionaron de espacios de encuentro y apoyo entre jóvenes con problemas para relacionarse afectivamente a subculturas digitales donde se reproducen discursos misóginos y de odio.

El especialista señaló que estos grupos pueden ofrecer una explicación a hombres que experimentan rechazo, frustración o dificultades para establecer relaciones afectivas, al responsabilizar a las mujeres y a la sociedad de sus experiencias.

Huerta Solano explicó que algunos pueden optar por sustituir los medios legales para alcanzar el éxito por mecanismos delictivos, mientras otros rechazan las reglas sociales y encuentran en comunidades digitales espacios donde organizar su resentimiento.

El académico identificó también procesos progresivos de exclusión, relacionados con la precariedad laboral y el debilitamiento de las redes familiares y sociales, que pueden favorecer la adhesión a estos grupos.

Por su parte, el doctor Víctor Alejandro Nodal Silva, profesor del Departamento de Psicología Básica del Centro Universitario de Ciencias de la Salud (CUCS), advirtió que el reclutamiento de adolescentes por parte del crimen organizado debería entenderse como una decisión no voluntaria.

Explicó que, por su etapa de desarrollo, los adolescentes todavía no cuentan con las condiciones emocionales ni materiales para independizarse, lo que los coloca en una situación de vulnerabilidad que los grupos criminales aprovechan.

Nodal Silva explicó que la oferta no es únicamente económica, sino que apela a una fantasía de masculinidad ligada al poder, el reconocimiento y la violencia.

Huerta Solano explicó que, en las comunidades Incel, las experiencias individuales de rechazo y frustración pueden convertirse en una narrativa colectiva que responsabiliza a las mujeres y a la sociedad.

Para Nodal Silva, la diferencia entre adolescentes que viven condiciones sociales similares y toman caminos distintos también está relacionada con los valores que construyen en sus entornos familiares, escolares y comunitarios, así como con los modelos de masculinidad que adoptan.

El especialista advirtió que la prevención no puede limitarse a vigilar los contenidos que consumen los adolescentes, sino que requiere fortalecer los entornos donde construyen su identidad y sus relaciones, así como ofrecer modelos de convivencia distintos a los que exaltan el dominio y la violencia.

Aunque las comunidades Incel y los grupos criminales no son fenómenos equivalentes, ambos pueden encontrar terreno de expansión cuando las expectativas de futuro se reducen y la pertenencia, el reconocimiento y el poder se convierten en promesas que parecen más accesibles a través de la violencia.