RECOPILA VOLUMEN VOCES DE LENGUAS INDÍGENAS
Monterrey, NL 3 octubre 2026.- Desde su célebre antología “Ómnibus de poesía mexicana” (Siglo XXI editores), Gabriel Zaid empezó a entrever en los pueblos indígenas del norte de México una fuente y una propuesta poética singular y deslumbrante. En aquel entonces aparecieron algunas versificaciones de los tarahumaras y de los seris.
Con el tiempo, la paciente labor de Zaid (que lo caracteriza) fue incorporando más de estos cantos tribales. Para 2022, en sus “Poemas traducidos” (El Colegio Nacional), publicó más traducciones de los pueblos nómadas, incorporando así a los apaches, navajos, yaquis, kikapús, entre otros.
Este 2026 se publica en las ediciones de TusQuets un libro que parece ser la convocatoria definitiva que el poeta regiomontano hace al respecto. “Poesía indígena del norte de México” reúne las singulares voces de 35 lenguas. Además, los comentarios de Zaid que preceden a cada selección nos ubican en el contexto histórico de cada etnia y la conectan con su situación actual.
Visto así, el valor de este libro trasciende lo propiamente poético que se alcanza registros notables y ofrece (para un lector curioso) hilos que se pueden seguir para ampliar la investigación o el entretenimiento. Igual se sugieren otros libros y consultas en Wikipedia o YouTube. Recuerdo también que se menciona la película de Cheyenne Autumn (1964, de John Ford).
De vuelta a la poesía que encontramos en este libro, habrá que recordar que es milenaria, enriquecida en la tradición oral, pero que también hoy en día se sigue escribiendo, con naturalidad, apegada a la esencia de la poesía: una emoción que se encabalga en un ritmo, y que se enriquece con imágenes o metáforas, a veces solo una sutileza, una chispa de gracia como en este caso:
BUSCANDO A LUPITA
(lupita ne ja liaka)
Andaba caminando
alrededor del cerro
en busca de Lupita.
Hay una rama tierna
que casi me arañaba.
Dicen que tú eres.
Hay una rama tierna
que casi me arañaba.
(Mayos – habitan en el sur de Sonora y norte de Sinaloa).
En el prólogo, Zaid destaca otro punto a considerar: “Lo más importante del corpus aquí reunido es su falta de protagonismo”. A diferencia del “yo” exaltado al que nos hemos acostumbrado en nuestra cultura occidental, el “yo” de estos poetas anónimos se desvanece ante la naturaleza, en la cotidianeidad revestida de rituales sencillos, observaciones puntuales; por ejemplo, estos versos parecen un haiku que, como los japoneses, se detienen en lo insignificante para asombrarnos:
La libélula baila en el agua.
Hunde su cola en el reflejo
de arriba abajo.
(Yumas – se extienden por Arizona, California, Baja California y Sonora).
En estos otros dos ejemplos queda también manifiesta la capacidad de observación propia de estas culturas indígenas. Además, esta mirada del mundo se interioriza, se piensa y muchas veces desconcierta al individuo en medio del misterio:
El búfalo soñando está ahí.
Está diciendo cosas.
El búfalo soñando está ahí,
a la vista en el claro del bosque.
Irreal, está ahí.
(Panis o Pawnees – habitan una reserva india en Oklahoma).
…
Donde las montañas
se entrecruzan
allá en lo más alto,
no sé dónde,
allá indagué
por mi memoria
y mi corazón
que andaban perdidos.
(Pápagos – viven en reservas al sur de Arizona o en rancherías al norte de Sonora).
Habrá que señalar también otros aspectos formales y formativos del libro; estos últimos, en cuanto ayudan a entender estas etnias en su particular devenir geográfico e histórico. En mi “desconocimiento aprendido” en la escuela, se me enseñó que (bajo el estigma de nómadas) las tierras no estaban habitadas, y por tanto, era natural que pudieran ocuparse libre o impunemente.
Con el tiempo, se ha hecho evidente que estos grupos indígenas no sólo tenían un sensible sentido de pertenencia a su tierra, territorios vastos, extensos, sí, que ni siquiera la mirada abarcaba, pero que su corazón reconocía como suyos.
El orden de esta antología es simple: de la “A” de los Ácomas a la “Z” de los Zuñis. Imagino el trabajo de investigación de Zaid y uno aplaude su tenacidad, pero también hay que agradecer su curiosidad, sobre todo por el devenir y el derrotero de los significados de ciertas palabras.
En el compendio de poemas y cantos que transcribo al final de este apunte destaca se destaca la diversidad (riquísima) de propósitos del poema:
Tres poemas o cantos:
“Deseos” (lírica propiamente existencial).
“El pájaro azul” (lírica sobre la naturaleza).
“Plegaria al amanecer” (lírica espiritual).
Tres poemas o narrativas sobre el mundo:
“Mandamientos” (narración formativa).
“La araña roba el fuego a los dioses” (narrativa de corte mítico).
“El apachi y el cumanchi” (narración con sesgo anecdótico y social).
“Poesía indígena del norte de México” ofrece un amplio y bellísimo panorama poético representativo de estas culturas que han sobrevivido al paso del tiempo y al rigor histórico de los colonos y gobiernos.
Pero, debo seguir insistiendo, la propuesta que nos hace Zaid va más allá de leer y emocionarnos con algunos versos: la invitación es más amplia, incluso para los que no están familiarizados con la poesía, pero que desean, por pura curiosidad o con carácter formativo, seguir la huella de estas etnias y comunidades indígenas, que son la parte más olvidada de nuestra cultura.
Gabriel Zaid, poeta nacido en Monterrey en 1934, no deja de sorprendernos con su aguerrida tenacidad, su generosa curiosidad y su apuesta por la poesía.
Concluyo esta colaboración con un compendio de poemas.
DESEOS
En el sendero regado de polen, caminar.
Con chapulines a mis pies, caminar.
Con el rocío a mis pies, caminar.
Con la belleza, caminar.
Con la belleza ante mí, caminar.
Con la belleza tras de mí, caminar.
Con la belleza sobre mí, caminar.
Con la belleza a mis pies, caminar.
Con la belleza a mi alrededor, caminar.
En la vejez, vagando
por un sendero vivo de belleza, caminar.
En la vejez, vagando renacido
por un sendero vivo de belleza, caminar.
Todo termina en belleza.
(Navajos – Arizona y Nuevo México).
EL PÁJARO AZUL
Tiene el pájaro azul
un canto calmo y alegre.
Se escucha por todo el monte,
por entre los pinos y rocas.
Tiene el pájaro azul
un canto calmo y alegre.
Su escucha por todo el valle,
por entre las aguas del río.
(Guarijíos – viven en rancherías metidos en la sierra que divide Sonora y Chihuahua).
PLEGARIA AL AMANECER
Padre Sol, ahora que sales
a tu lugar sagrado
y nos das vida,
te doy esta ofrenda para que te alimentes.
Concédeme tu larga vida,
tus aguas, tus semillas,
tu poder, tu riqueza,
la fortaleza de tu espíritu.
(Zuñis – reservaciones en Nuevo México).
…
MANDAMIENTOS
La tierra es nuestra madre, cuídala.
Honra a tu tribu.
Abre tu corazón y alma al Gran Espíritu.
Toda vida es sagrada: respeta a todos los seres vivos.
Toma de la tierra lo que necesites y nada más.
Lo que hagas, que sea por el bien de todos.
Agradece siempre al Gran Espíritu por cada nuevo día.
Habla con la verdad, pero solo para el bien de los otros.
Sigue el ritmo de la naturaleza: levántate y acuéstate con el sol.
(Kikapú – habitan en el norte de Coahuila y Texas).
LA ARAÑA ROBA EL FUEGO A LOS DIOSES
No había nada, sólo parajes fríos.
De pronto, el rayo de los dioses
cayó en un tronco seco de sicomoro
y provocó un incendio
en medio de una isleta.
Los animales celebraron un con cónclave
sobre cómo traer la lumbre de la isleta.
El cuervo fue elegido para la hazaña.
Pero al posarse en el sicomoro,
se chamuscó y salió despavorido.
Luego tres búhos se ofrecieron.
El primero casi quedó ciego.
Los otros dos volvieron
con los párpados quemados.
La araña de agua se ofreció,
levantando una pata.
Tejió una escudilla.
Se la echó a la espalda
como escudo y se tiró al agua.
Nadie sabe cómo sustrajo
del incendio una brasa.
Volvió sana y salva.
Desde entonces el cheroqui
mantiene el fuego.
Y la araña conserva la escudilla
por si se llegara a ofrecer.
(Cheroquis – son la etnia nativa más numerosa de los Estados Unidos).
…
El APACHI Y EL CUMANCHI
El apachi y el cumanchi
se jueron a trair amor
y a mitad de la jornada
se les acabó el pinol.
El apachi y el cumanchi
se jureron a malhoriar
y decían, y decían:
Óiga amigo, párese aí.
Sébaili bachi tabachi toto jai
Sébaili bachi tabachi toto jai.
El apachi trai un bato
y el cumanchi trai una hoz.
Yo los miro y ando de priesa.
¡Ah, qué gente tan atroz!
El apachi y el cumanchi
por las noches roban maíz;
y los siguen los coyotes
por el maíz que se les cai.
Sébaili bachi tabachi toto jai
Sébaili bachi tabachi toto jai.
(Ópatas – su cultura enraizó en Sonora).
