PARA ANGELA DAVIS, LA DESESPERANZA NO PUEDE SER OPCIÓN
Ciudad de México 26 agosto 2026.- Al crecer en Alabama, uno de los estados con un sistema de segregación racial más rígidos de Estados Unidos, si Angela Davis tenía ganas de ir al museo no se le permitía la entrada por su color de piel.
En ese mundo donde los afrodescendientes tampoco podían entrar en las bibliotecas o inscribirse a una universidad a menos que fuera sólo para personas negras, podía parecer que no había más que desesperanza.
“Pero creo que la esperanza es lo que nos impulsaba. Nunca tuve ninguna duda, ni siquiera cuando era niña, de que las cosas iban a ser diferentes algún día”, compartió este jueves la filósofa, escritora y activista estadounidense en su paso por la UNAM, ponderando cómo durante la esclavitud las personas acometían toda clase de actos heroicos sin importar ponerse en riesgo porque imaginaban una vida muy diferente.
“Y nosotros somos la manifestación de esa esperanza en aquel entonces; si no hubieran luchado, no estaríamos aquí sentados esta noche. Por eso creo que la primera tarea de los activistas radicales es generar esperanza, convencer a la gente de que un mundo mejor es posible. () La desesperanza no es una opción”, sostuvo Davis ante una Sala Miguel Covarrubias a su máxima capacidad y que al instante respondió con vítores.
Como figura estelar en esta edición de la Feria Internacional del Libro de las Universitarias y los Universitarios (Filuni), la presencia de Davis en el Centro Cultural Universitario (CCU) constituyó un acontecimiento semejante a la visita de otros intelectuales a la Máxima Casa de Estudios, como Noam Chomsky o Judith Butler.
Con la Sala Nezahualcóyotl aún en remodelación, fue necesario proyectar el diálogo magistral en torno al libro Abolición, feminismo ¡ahora! en la Sala Carlos Chávez, en las salas de cine Julio Bracho, Carlos Monsiváis y José Revueltas, y hasta en una carpa instalada en la Explanada de la Espiga con 700 sillas, dada la masiva afluencia esperada.
No era para menos. Cerca de tres horas antes de que iniciara la charla, ya serpenteaba por el CCU una larga fila en su mayoría compuesta por mujeres que por momentos hicieron del lugar una típica “mercadita feminista”; desde las 14:30 ya se habían agotado los boletos para la Covarrubias, y la persona hasta al frente, Mirna Yazmín Estrella Vega, docente de Lengua y Literatura de 46 años, arribó a las 6:00 desde Iztacalco.
“(Davis es una) gran filósofa, pero también y sobre todo una de las activistas más congruentes que nos da claves para pensarnos en el mundo de hoy. Ante el avance de la derecha y los neofascismos, es muy importante retomar temas que tienen que ver con la justicia, con la democracia, con la libertad y, por supuesto, con los rumbos que vamos a tomar los movimientos sociales para detener toda esta embestida”, diría a REFORMA la mujer que llevaba casi 10 horas formada.
Ya en pleno diálogo con su “pareja y camarada” Gina Dent y con Amneris Chaparro, directora del Centro de Investigaciones y Estudios de Género (CIEG), Davis habló sobre el feminismo abolicionista como un asunto revolucionario; “nos insta a utilizar todos los medios a nuestro alcance para avanzar en nuestra capacidad de comprender qué es lo que aflige a este planeta”, expuso.
“¿Cómo nos liberamos de los ricos, de los capitalistas, de los multimillonarios, de los trillonarios? De eso se trata; es una forma revolucionaria de pensar y organizarse. Se trata de revolución. Se trata de derrocar el capitalismo, el capitalismo racial, el colonialismo. Esa es la idea principal”, explicó quien alguna vez fuera encarcelada con tres cargos merecedores de pena capital y terminara absuelta sólo tras una campaña internacional en su defensa.
“Esta es, básicamente, la razón por la que hago este trabajo. Estoy profundamente agradecida con aquellas personas cuyos nombres desconozco y que se plantaron frente a las figuras más poderosas del mundo y dijeron: ‘No, Angela será libre’. Y esa es la única razón por la que hoy soy libre”, continuó Davis, también con un exhorto a replantear el castigo punitivista.
Claro que, para finalmente escuchar a la autora que fuera una activa participante del Partido Comunista y de las Panteras Negras, hubo que esperar todavía un poco más de la hora programada, pues apenas estaba por iniciar su acto irrumpió en el escenario un joven para desplegar una manta con la leyenda “La UNAM es criminal y paramilitar”, exigiendo una mesa de diálogo para la liberación del joven estudiante Arturo Sheveck.
Si bien al inicio el gesto fue celebrado por un auditorio que había estado coreando el repertorio de consignas de varias movilizaciones -desde el “No estamos todas / nos faltan las presas” al “La UNAM no me cuida / me cuidan mis amigas”-, pasados unos minutos comenzaron a gritarle al manifestante que se retirara, lo cual no sucedió ni con la intervención de Rosa Beltrán, titular de Cultura UNAM, que intentaba evitar que los ánimos encendidos terminaran en la cancelación del evento.
“Ha sido un esfuerzo de varios años traer a Angela Davis”, resaltó la escritora, quien luego señalaría que la última visita de la activista al País fue en 1969.
Tras 20 minutos de interrupción y una álgida confrontación, finalmente comenzó la charla, y lo primero que Davis expresó fue su impresión ante la energía de la acción, deseosa de que tal ímpetu pueda canalizarse para lograr un cambio real, “para acabar con las cárceles, para avanzar hacia la abolición del capitalismo”.
El poder de los libros para que los presos experimenten la libertad, y hasta cuán inspirador es el alto índice de alfabetización en Palestina a pesar de la violencia ejercida en su contra por parte de Israel, fueron otros de los temas abordados por Davis, a cada intervención encumbrada en palmas, alaridos y consignas.
“Angela, / hermana, / ¡ya eres mexicana!”, fue lo último que gritaron a la activista mientras era escoltada fuera de la sala tras un atropellado intento de atender preguntas de un auditorio con los ánimos a tope y que por instantes parecía haber sobrepasado la capacidad de la UNAM para mantener el orden.
Davis, tranquila en todo momento, sonriente y con ese timbre profundo y cadencioso como de cantante de jazz, partiría con un gesto de satisfacción acaso no sólo por la fervorosa reacción que su sola presencia motivó, sino por la demostración de que en esta parte del globo también hay quienes claman por un mundo mejor.
