MÁS DEL 76: HUELGA EN AU. SOBREVIENTE
Uriel Flores Aguayo
El 9 de agosto de 1976 fue atacada con armas de fuego la huelga de los trabajadores de la empresa de Autobuses Unidos (AU). Pistoleros de la zona de Almolonga y pandilleros traídos del DF llegaron casi de madrugada con la intención de acabar violentamente con la huelga que tenía lugar en la terminal de la empresa ubicada en la calle “Revolución” de la ciudad de Xalapa. Aparecieron por sorpresa y desde la entrada hicieron fuego con pistolas.
Los trabajadores y algunos activistas que los acompañaban hicieron barricadas con las sillas de las salas de espera; esos obstáculos los deben haber detenido una media hora, lapso en el que no se presentó la policía con todo y que los hechos tenían lugar en una zona céntrica.
Hubo varios heridos y un muerto, el chofer Armando Chimal. Finalmente, los atacantes lograron entrar a la terminal mientras los ocupantes saltaban los altos muros para huir entre las cuarterías de la calle Clavijero. Aunque tarde la policía logró aprehender a varios criminales, ahí se supo su identidad.
Al otro día se organizó una masiva marcha de protesta con los trabajadores y estudiantes de Humanidades de la UV, exigiendo justicia y cese del director de seguridad pública. En esa huelga, difícil de concebir en estos tiempos con ese desenlace, participaron solidariamente algunos militantes del PCM y la ACOE, una activa organización social que realizaba una comprometida y valiente labor con campesinos y estudiantes.
Yo estuve ahí, fue una experiencia fuerte, sumamente peligrosa, en la que, sin conciencia plena de los riesgos, te jugabas la vida. Fui uno de los heridos de bala.
Eran tiempos de activismo social, de ir a toda lucha que apareciera, pensando en la organización popular y la creación de conciencia para lograr la justicia y lo que pensábamos podía ser la revolución. Era una lucha con pruebas de fuego, incondicional, sin afán político o mercantil. Se hablaba de lucha de clases, eran los conceptos dominantes. Se militaba en el activismo. Eso y más ocurrió en Xalapa y Veracruz, con casi nulo registro en la memoria colectiva, costando mucho trabajo para que tenga un lugar de referencia.
En estos días que se habla con cierta ligereza de iconos de acciones reales o imaginarias, de ciertas ideas que generalizan como de izquierda, hay que rescatar nuestra historia en esos procesos sociales de movilización sindical, obrera, popular y estudiantil que tuvieron lugar en Xalapa, para entender el momento actual y plantearnos los mínimos de identidad y sentido de lucha. Ese activismo de hace 50 años tuvo un contexto histórico, por eso es irrepetible en sus términos; copiarlo puede derivar en caricaturas.
Aprendí ahí a valorar estar vivo, asumiendo tener una segunda oportunidad de vida hasta la fecha. Soy sobreviviente.
