JAVIER CAMARENA CONVOCA A UNA IMPORTANTE CITA
Ciudad de México 31 julio 2026.- Una grata familiaridad atraviesa los próximos compromisos, tanto en México como en Europa, dentro de la agitada agenda del tenor veracruzano Javier Camarena.
En unos días, por ejemplo, volverá a encarnar a Tamino, protagonista de la ópera La flauta mágica, de Mozart; un rol que debutó en 2022 como parte de una producción en el Gran Teatro Liceu, en Barcelona, la cual también contó con la batuta del astro venezolano Gustavo Dudamel.
Ahora será en el Festival Internacional Santander, en Cantabria, España, y con la dirección escénica de su compatriota Rolando Villazón, donde este 3 y 5 de agosto Camarena cante de nuevo un papel con el que, en conversación con REFORMA, afirma sentirse muy cómodo.
“Me permite realmente dormir tranquilo la noche anterior, y llegar al final de la obra sin sentir que necesito que me saquen con grúa del teatro”, cuenta con humor el intérprete de 50 años recién cumplidos en marzo pasado, enlazado vía telefónica desde Santander.
“Es cierto que no es un rol, entre comillas, ‘exhibicionista’, en el sentido de que no tiene los grandes sobreagudos, no tiene la gran virtuosidad. Pero sí que requiere de una sensibilidad musical importante y, además, de un dominio técnico también para resolver todas las exigencias que tiene Mozart en esta partitura”, detalla.
Aquella primera vez que estaba por meterse en la piel del príncipe Tamino en su travesía en busca de Pamina, hija de la Reina de la Noche -tal cual plasmó el afamado compositor de Salzburgo en su última obra-, Camarena reconocía entre los desafíos del rol tanto su escritura en alemán como la profundidad dramática y expresiva (REFORMA 20/06/2022).
“No es un rol de circo, maroma y teatro, pero sí tiene un nivel de exigencia importante. Es un fraseo largo, elegante, de muchísima musicalidad, de muchísima sensibilidad”, dice ahora el tenor reconocido como Cantante Masculino del Año en los International Opera Awards 2021.
“Mozart, además, trataba la voz no de manera privilegiada ni por sobre cualquier elemento dentro del discurso musical, sino que lo integra como parte de un todo orquestal. Entonces, estar dentro de ese ensamble, pues sí que representa un reto interesante”, añade.
Haber efectuado ya esta interpretación, admite, no resta dificultad a sus desafíos; “pero sí creo que, ya con 22 años de carrera en la espalda, pues sí se va uno haciendo de cierta experiencia y vas agarrando colmillo, entonces vas sabiendo cómo resolver las cosas de una u otra manera”, destaca Camarena.
“Con todo y eso, sí es un rol que disfruto mucho, y estoy muy contento de reencontrarlo”.
A la pregunta sobre lo que ha cambiado desde que debutara el protagónico de esta puesta en escena, el tenor se vale de una analogía del balompié: “No es lo mismo ver a Messi jugar hace 15 años, que verlo jugar ahora”.
“Es lo mismo para la voz, porque el cantante lírico es también una persona que ejerce una profesión de alto rendimiento físico, aunque no lo parezca y aunque la musculatura que interviene en la producción de la voz, pues no serán los bíceps, no serán los cuadríceps, esta musculatura que puede verse, pero es una musculatura que trabaja y que tiene que desarrollarse y fortalecerse.
“Al final, conforme van pasando los años, pues van cambiando las condiciones, va cambiando la resistencia, las posibilidades; se ganan algunas cosas, se pierden otras”, pondera el veracruzano. “Lo más importante, creo, es lo que vas ganando también en la experiencia. Y eso también ayuda mucho en el escenario”.
Volver al terruño
Perfume de gardenias, popular e inconfundible bolero que la Sonora Santanera implantara en el oído de tantos, tiene también un lugar especial para Javier Camarena.
“Es una de las canciones que yo escuchaba de niño en casa de mis abuelos; o sea, es parte de mí, es parte de mi esencia, de mis raíces musicales, de mi gusto musical”, comparte el tenor, con una inclinación similar por la Bachata rosa, de Juan Luis Guerra.
“Es una canción que yo escuchaba desde que creo que estaba yo en la secundaria o empezando la preparatoria”, prosigue. “Entonces, vaya, todo esto es parte de mi esencia, de quién soy y de cómo se conforma mi quehacer musical con base en todos estos principios”.
De ahí que el intérprete busque también siempre incluir este tipo de repertorio en sus presentaciones, tal como adelanta que sucederá en su paso por el Festival del Mar, el 8 de agosto, en Coatzacoalcos, Veracruz.
“La ópera, obviamente, nos impone la cuarta barrera en la que, pues es el intérprete, y el público es el público. Pero en este otro formato de concierto, uno tiene la posibilidad de tener mayor interacción con el público, y es muy bonito; o sea, no es solamente la parte de apreciación y que vas y escuchas y te callas, no.
“Esto es un concierto en el que todos juntos vamos a convivir y a compartir la música”, subraya el tenor, emocionado además de poder cantar para los suyos. “Han sido realmente muy contadas las ocasiones que he tenido de compartir mi trabajo con la gente de mi Estado”.
Camarena estará acompañado en el Hemiciclo a los Niños Héroes por la Orquesta Sinfónica de Xalapa (OSX) y el ensamble folclórico Tlen Huicani; “es una agrupación que conozco yo creo que desde que tenía 9 o 10 años, que es de gran tradición veracruzana”, apunta.
“Ya para mí era un deseo enorme poder trabajar y colaborar con ellos. Se da por fin en este concierto”.
Gala de cómplices
Ya para finales de agosto, Camarena estará de regreso en el Viejo Continente para ofrecer en Vaduz, capital del Principado de Liechtenstein, una velada de ópera al aire libre al lado de la soprano estadounidense Nadine Sierra, quien se ha convertido en una de sus más cercanas cómplices sobre el escenario.
“La verdad es que las voces empastan muy bien, pero yo creo que, además, el plus que hay con Nadine es la amistad tan sincera, tan cercana, tan real, tan respetuosa que tenemos.
“Es una relación de amistad entrañable; la quiero como si fuera mi hermana”, remarca Camarena. “Y la verdad es que sí, disfrutamos mucho el compartir el escenario, precisamente por la comodidad que trae ese respeto”.
Acompañados por la Orquesta Sinfónica de Liechtenstein, ambos intérpretes entonaran arias de algunas de las obras en las que han compartido escenario, como Romeo y Julieta, de Charles Gounod, que presentaron este año en el Teatro Real de Madrid, o Lucia di Lammermoor, de Gaetano Donizetti, que protagonizaran primero en el Liceu de Barcelona y posteriormente en la Ópera Metropolitana de Nueva York.
A Camarena le esperarán luego La Traviata, obra de Giuseppe Verdi que cantará este octubre en Bilbao; y, para finales de ese mes, una gala de zarzuela al lado de la OFUNAM, de vuelta en la Sala Nezahualcóyotl.
“Es una bendición el poder trabajar en algo que se disfruta y que se puede vivir a veces como un hobby.
“Son muchos los lugares a los que se puede ir, pero siempre volver a México, siempre volver a casa, será algo que a mí me llene de mucha más emoción”, asegura.
Prepara el futuro
Javier Camarena reconoce que, a sus 50 años, ha comenzado a atisbar la necesidad de una reestructura en su vida profesional dado lo demandante que llega a ser.
“Amo mi carrera, sigo asumiéndola con toda responsabilidad, con toda seriedad. Pero yo creo que, hoy por hoy, la parte que corresponde a mi familia, la parte que corresponde al bienestar emocional, va teniendo un lugar mucho más preponderante. Va siendo mucho más una prioridad cada vez más fuerte”, expresa el tenor.
A lo que apunta es a organizar su trabajo de tal forma que pueda contar con esos espacios necesarios “para recargar la pila emocional”, y con ello seguir manteniendo la más alta calidad sobre el escenario. Sin olvidarse, claro, de lo rentable.
“Yo amo la ópera, con todo mi corazón la amo. Pero pues, obviamente, sí es un trabajo que implica comprometerte con una producción dos meses para al final hacer cinco o seis funciones. Cuando, por ejemplo, para un concierto hay una inversión menor de tiempo que significa, en términos de ganancia, pues algo mucho mayor”, ilustra.
“En este sentido, conforme va pasando el tiempo tengo que ir haciendo una selección más cuidadosa del compromiso de tiempo que hago para que al final del año siga manteniendo ese balance entre las necesidades que tengo profesionales, que al final de cuentas son necesidades económicas, y las necesidades que tengo de vida personal”.
Sobre qué pueda venir una vez que decida retirarse de los escenarios -que no es pronto-, no lo tiene plenamente definido aún, pero ya ha dado algunos pasos para estar respaldado en el futuro.
Sabe que su apuesta estaría en algo relacionado con la gestión, y por ello actualmente está inscrito en la licenciatura en Administración de Empresas, que cursa en línea en la Universidad del Valle de México.
“Es como buscar el otro ángulo a esto que tanto me gusta. Y pensar, no sé, en la gestión de un festival, de un teatro, en la gestión de mi propia empresa, de agencia artística, no sé. O sea, pienso tener a futuro esa base de conocimiento que me permita pensar en tener esta otra alternativa.
“No es algo que yo tenga pensado para un futuro cercano, pero sí a mediano plazo. Son 50 años (los que tengo ya), y pues mi tope hoy mismo está en los 65”, anuncia el tenor. “Entonces, pues voy tomando ahora las previsiones necesarias para que, cuando llegue ese día, no estar con sorpresas”.
