EXHIBE EL VALOR DE EQUIVOCARSE
Agencia Reforma
Monterrey, NL 25 octubre 2026.- Detrás de cada objeto de diseño hay una historia que pocas veces se conoce: bocetos, pruebas, errores, cambios de rumbo y decisiones que terminan por dar forma al resultado final.
El diseñador Jorge Diego Etienne, fundador y director creativo de JDE design, decidió abrir el archivo de casi 15 años de su estudio para mostrar ese proceso creativo en “Mockups Before Fuckups”, exposición que, tras presentarse en Monterrey, llegó el pasado 16 de octubre al Museo Franz Mayer de la Ciudad de México, donde permanecerá hasta el 14 de febrero de 2027.
Impulsor de iniciativas como Designaholic, Decode y Cuadrante, Etienne (Tampico, 1983, radicado en Monterrey desde 2003) reflexiona sobre el valor de los errores, los aprendizajes y aquello que suele permanecer oculto detrás de un diseño terminado.
-En “Mockups Before Fuckups” muestras lo que suele quedar fuera de una exposición. ¿Qué te llevó a abrir el archivo?
“En el diseño estamos acostumbrados a mostrar solamente el resultado final. La fotografía perfecta, el producto terminado, la pieza que llegó al mercado. Pero detrás de cada uno de esos objetos hay cientos de decisiones, pruebas, errores y muchas veces años de trabajo que nadie llega a conocer.
“Siempre he pensado que el proceso es tan interesante como el resultado, y en muchos casos incluso más. Después de casi 15 años de mi estudio, me parecía importante abrir ese archivo y compartir una parte de nuestra práctica que normalmente se queda dentro del estudio. En mis años en la academia como maestro y después Director Nacional del Programa de Diseño del Tec de Monterrey, empujaba a los alumnos a enfocarse en un buen proceso, es algo que siempre he valorado y empujado.
“Revisarlo fue también un ejercicio de introspección. Me di cuenta de cuánto hemos cambiado, pero también de lo consistentes que hemos sido en nuestra manera de trabajar. Las herramientas evolucionan, los proyectos se vuelven más complejos, pero seguimos haciendo lo mismo que cuando empezamos: dibujar, construir, probar, equivocarnos y volver a empezar. En tiempos de la Inteligencia Artificial, el pensar con las manos y tener ideas originales debe de ser mucho más valorado.
“También fue interesante reconocer que muchos de nuestros mejores proyectos no nacieron de una gran idea, sino de una acumulación de pequeñas decisiones. Y que muchas veces lo que parecía un error terminó siendo lo que hizo avanzar el proyecto. Aunque un proyecto no termine en el mercado, se genera mucho conocimiento y experiencia, quería compartir todo eso”.
-¿Cómo elegiste qué mostrar entre casi 15 años de trabajo?
“Lo primero fue entender que no queríamos hacer una retrospectiva tradicional. No se trataba de seleccionar nuestros proyectos más conocidos o exitosos, sino aquellos cuyos procesos tuvieran algo interesante que contar.
“Hay proyectos que tienen decenas de maquetas y otros que se resolvieron con un par de pruebas muy puntuales. Nos interesaba mostrar esa diversidad y, sobre todo, explicar por qué hacemos las cosas de cierta manera.
“La exposición está organizada alrededor de las cinco etapas de nuestra metodología de diseño: Discover, Define, Develop, Deliver y Drive. Es una manera de llevar al visitante desde la investigación y el planteamiento de un problema hasta el desarrollo, la producción y lo que sucede cuando un diseño llega al mundo real.
“Reunimos más de 300 objetos de más de 100 proyectos: bocetos, maquetas, prototipos, pruebas de materiales y piezas terminadas. Pero más que mostrar una colección de objetos, queríamos construir una narrativa sobre cómo pensamos y trabajamos desde Monterrey para todo el mundo.
“Algo importante es que el proceso de diseño no es lineal. Constantemente regresamos a etapas anteriores, cuestionamos decisiones y cambiamos de dirección. La exposición busca mostrar justamente eso: que diseñar no es tener una idea y ejecutarla, sino aprender a transformarla”.
-¿Qué boceto o prototipo cuenta mejor una historia que el resultado final ya no permite ver?
“Uno de mis ejemplos favoritos son las maquetas que hicimos para el sistema de paradas de transporte público de San Pedro Garza García.
“Era un proyecto de infraestructura urbana con muchas variables: accesibilidad, orientación solar, flujo peatonal, mantenimiento, presupuesto y la necesidad de desarrollar un sistema modular que pudiera adaptarse a diferentes ubicaciones.
“En lugar de esperar a tener un prototipo terminado, construimos maquetas con tablones de triplay y salimos a probarlas directamente en la calle, junto a las paradas existentes.
“En cuestión de horas aprendimos cosas que hubiera sido imposible entender frente a una computadora. Cómo se relacionaban los volúmenes con las banquetas, cómo afectaban la circulación de las personas y qué alturas funcionaban mejor para los usuarios.
“Recuerdo particularmente las pruebas del soporte isquiático, una alternativa de descanso para quienes esperan el transporte. Al probarlo físicamente nos dimos cuenta de que necesitábamos ajustar su altura.
“Hoy puedes ver muchas de estas paradas por todo San Pedro, y probablemente nunca imaginarías todas esas pruebas. Pero para mí esas maquetas cuentan una historia mucho más interesante: cómo una decisión aparentemente pequeña puede mejorar la experiencia cotidiana de miles de personas”.
-¿Recuerdas un error que haya cambiado para bien el rumbo de un proyecto?
“Hay un proyecto que desarrollamos con Cacao, una silla lounge que originalmente tenía una propuesta bastante diferente a la que terminó llegando al mercado.
“Mi idea inicial era incorporar una especie de bolsillo en la parte posterior para guardar revistas y un elemento tubular que permitiera moverla fácilmente. Teníamos los dibujos, los renders y estábamos convencidos de que era una buena dirección. Hasta que hicimos la maqueta.
“Al verla y probarla nos dimos cuenta de que estábamos complicando demasiado el objeto. Habíamos agregado funciones que no necesariamente mejoraban lo más importante: la experiencia de sentarse cómodamente a leer un libro.
“Decidimos eliminar esos elementos y regresar al dibujo. La silla terminó siendo mucho más compacta, con una forma envolvente y cojines que realmente te abrazan al sentarte.
“Creo que una de las habilidades más importantes de un diseñador es saber cuándo abandonar una idea. En inglés existe una expresión que me gusta mucho: kill your darlings. No enamorarte tanto de una solución que seas incapaz de reconocer cuando algo puede ser mejor.
“Para distinguir entre un error y una oportunidad hay que regresar constantemente a lo que queremos resolver. Si algo no funciona, pero nos revela una posibilidad interesante, vale la pena explorarlo. Si solamente estamos defendiendo una idea porque nos gusta, probablemente es momento de dejarla ir”.
-¿Qué te costó más compartir?
“Creo que lo más difícil fue aceptar que no todo lo que hacemos termina convirtiéndose en un producto exitoso. Tenemos muchísimos proyectos que nunca llegaron al mercado, ideas que se quedaron a medias, propuestas rechazadas y diseños que simplemente no encontraron el momento adecuado.
“Como diseñador, normalmente construyes tu portafolio alrededor de lo que salió bien. Es natural. Pero eso también genera una percepción bastante distorsionada de nuestra profesión.
“El diseño no es una sucesión de buenas ideas. Es un proceso de investigación, experimentación, colaboración y muchas veces frustración. Hay decisiones que funcionan y otras que no. Y ambas son parte del trabajo.
“También me interesa desmitificar un poco la figura del diseñador como alguien que simplemente tiene ideas brillantes. En nuestro estudio el diseño es un trabajo colectivo. Participan diseñadores, ingenieros, fabricantes, artesanos, clientes y muchas otras personas que aportan conocimientos y perspectivas diferentes.
“Me gustaría que el público saliera entendiendo que detrás de un buen objeto no solamente hay creatividad, sino muchísimo trabajo, disciplina y aprendizaje. Y, sobre todo, que equivocarse no significa fracasar. Muchas veces es exactamente lo que necesitas para avanzar”.
-Después de reunir este archivo, ¿qué ha cambiado en tu manera de crear?
“Creo que la exposición reforzó algo que ya venía pensando desde hace tiempo: el valor de nuestro trabajo no está solamente en los objetos que producimos, sino también en el conocimiento que generamos durante el proceso.
“Como estudio de diseño trabajamos con empresas e industrias muy diferentes. Un día estamos desarrollando mobiliario, otro día infraestructura urbana y después una colaboración con artesanos. Cada proyecto nos obliga a aprender algo nuevo.
“Y ese conocimiento se acumula. Una solución que descubrimos haciendo una silla puede ayudarnos años después a resolver un problema completamente diferente.
“También he aprendido a entender el éxito de una manera más amplia. Por supuesto que me interesa que nuestros productos lleguen al mercado, se vendan y tengan una vida larga.
“Pero también me importa que resuelvan problemas reales, que sean relevantes para las personas que los utilizan y que generen valor para quienes los producen.
“Hay proyectos que nunca llegaron a fabricarse, pero nos enseñaron muchísimo. Y hay otros que comenzaron como un objeto y terminaron convirtiéndose en investigaciones, exposiciones, publicaciones o nuevas colaboraciones.
“Para mí, un buen proyecto no necesariamente termina cuando entregas el diseño. Muchas veces ahí es donde comienza su historia más interesante”.
-¿Hay alguna idea que abandonaste y que hoy te gustaría retomar?
“Tenemos un archivo enorme de proyectos que nunca llegaron a producirse. Internamente les decimos nuestros proyectos huérfanos: diseños que por diferentes razones se quedaron sin cliente, sin fabricante o simplemente sin oportunidad de llegar al mercado.
“Algunos están prácticamente terminados. Tienen investigación, dibujos, modelos tridimensionales e incluso maquetas a escala real. Otros son apenas ideas que nos siguen pareciendo interesantes.
“De hecho, desde hace tiempo tengo en mente hacer otra exposición que se llame All It Could Have Been, dedicada exclusivamente a esos proyectos que nunca llegaron a existir. Hoy en día así estructuro mis pensamientos, en conferencias, exposiciones y libros, justo ya tengo escrito el libro de ‘Mockups Before Fuckups’ y espero poder publicarlo el siguiente año con la editorial que estamos empezando con Designaholic, mi otro proyecto de difusión.
“Me interesa mucho esa idea porque también cuestiona nuestra definición de éxito. ¿Un proyecto que nunca se fabricó es necesariamente un fracaso? Yo creo que no. Hay ideas que simplemente llegan demasiado pronto, que no encuentran al colaborador adecuado o que necesitan esperar a que exista una tecnología o un mercado que las haga posibles.
“Después de revisar todo este archivo, me queda claro que tenemos muchísimo trabajo que todavía puede encontrar una segunda vida. Y me emociona pensar que algunos de esos proyectos podrían regresar al estudio y convertirse en algo completamente diferente a lo que imaginamos originalmente.
“Al final, una buena idea nunca está completamente muerta. Estoy demasiado emocionado por poder llevar todo este cuerpo de trabajo al Museo Franz Mayer, e inaugurar con esta exposición su nueva sala de procesos. Definitivamente es el espacio ideal en el país para abrir esta conversación”.
