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CULTURA Y TURISMO

EL IMPACTO OCULTO DE LAS PANTALLAS EN LA SALUD INFANTIL

Agencia Reforma

MONTERREY, NL 16-Sep-2026.- Especialistas advierten un aumento de trastornos del eje intestino-cerebro en menores, vinculados a la ansiedad por uso de redes sociales.

Erick Toro Monjaraz, pediatra especialista en gastroenterología y nutrición, indica que ha visto un aumento de niños de primaria y adolescentes de secundaria que son llevados por los papás y ya están con tratamiento farmacólogo de psiquiatría.

“El uso de redes sociales ha detonado la ansiedad, la depresión en niños y adolescentes, y eso va de la mano con los trastornos del eje cerebro-intestino”, dice el encargado de la Unidad de Motilidad Gastrointestinal del Instituto Nacional de Pediatría en la Ciudad de México.

“Es decir, hay ansiedad y depresión o déficit de atención, y hay cambios en la microbiota intestinal y esto genera dolor. Es como un círculo vicioso”.

El pediatra Toro Monjaraz participó en el Summit 2026 “Un mundo de salud”, organizado en Cancún por la farmacéutica Opella, cuyos medicamentos y suplementos abarcan la salud digestiva.

El especialista explicó en entrevista que, además de dolor abdominal, los niños presentan náusea crónica, reflujo, diarrea, estreñimiento o sólo pueden ingerir poca comida porque se sienten llenos muy rápido al comer.

En México, dijo, 4 de cada 10 pacientes pediátricos tienen trastornos del intestino-cerebro, algo que deteriora la calidad de vida de los niños porque los incapacita para ir a la escuela o hacer actividades extracurriculares.

“Está la típica historia del niño que tiene Instagram, que está en quinto de primaria y ve que el resto de sus compañeritos fueron de vacaciones a Disney, traen la mejor ropa o aparentan tenerla, y todo eso se ha visto que le genera demasiada ansiedad”, dice Toro Monjaraz.

“Un mensaje que daría claramente es que los niños pequeños no tendrían por qué tener un celular. Existen estudios que indican que hasta los 15 o 16 años deberían tenerlo”.

I. PEGADOS A LA PANTALLA

Todo lo que sucede en la parte emocional y psicológica de un niño tiene repercusiones en el intestino o “segundo cerebro”, conocido así ya que contiene una red compleja de más de 100 millones de neuronas conocida como sistema nervioso entérico.

“Antes, a todos los problemas derivados del tubo digestivo que no tenían una explicación física u orgánica, les llamábamos trastornos funcionales”, indica el gastroenterólogo pediatra Sergio Fernández, director del Instituto de Pediatría de TecSalud.

“Ahora les llamamos trastornos del eje intestino-cerebro para denotar esta conectividad que existe entre ambos órganos”.

El especialista coincide en que va en incremento la atención de niños, principalmente con dolor abdominal, desarrollado por la ansiedad que les genera el uso de redes sociales.

Señala que a eso se agrega la falta de actividad física y las desveladas, ya que muchos pequeños no duermen a sus horas por estar interactuando con el celular.

Los principales trastornos del eje intestino-cerebro que atienden en niños y adolescentes son dispepsia funcional (dolor persistente en la parte alta del abdomen y/o saciedad precoz), dolor abdominal funcional, estreñimiento, náuseas y el síndrome de intestino irritable.

El director del Instituto de Pediatría de TecSalud explica que, cuando reciben a estos pacientes, el primer paso es descartar una enfermedad orgánica, es decir, aquella donde existe una causa física, biológica o estructural que pueda demostrarse con estudios o análisis médicos.

Si los exámenes resultan negativos, es entonces cuando se evalúa la estrecha relación de los síntomas con las emociones.

II. UN CAMBIO DE HÁBITOS

La poca tolerancia a la frustración, el estrés por algún examen o evento próximo, o el ambiente que viven en casa, son también detonantes de problemas en el intestino, dice Marycruz García Dávila, gastroenteróloga pediatra en Hospital Christus Muguerza Alta Especialidad.

“Un paciente pediátrico que tiene dolor abdominal más de tres veces por semana, hay que llevarlo a consultar”, recomienda la especialista.

“Un niño que está alternando evacuaciones líquidas con evacuaciones formadas, definitivamente hay que acudir a consultar.

Un niño que en la escuela lo han estado regresando porque le hablan a los papás que tiene dolor abdominal, hay que ver qué está pasando”.

Añade que otras señales de alarma son alteraciones del sueño, pérdida de cabello, cansancio o palidez.

Los gastroenterólogos coinciden en que los niños deben recibir una atención psicológica que incluya terapias cognitivo-conductual, además de realizar actividad física.

La otra recomendación prioritaria es limitarles a los hijos el tiempo frente a pantallas, algo que resulta muy difícil de lograr para los padres de familia.

Pero con apoyo del médico o terapeuta pueden crear una estrategia personalizada para cambiar los hábitos diarios en los menores.

Estas estrategias deben adaptarse a la personalidad, la edad y las motivaciones individuales del chico, ya que las restricciones impuestas por la fuerza suelen generar resistencia y/o conflictos.

En lugar de un enfoque único, la clave está en personalizar el plan analizando qué busca el niño, niña o adolescente en la pantalla, como conexión social, entretenimiento o validación, para entonces ofrecer alternativas equivalentes.

EL NEXO MENTE-INTESTINO

El sistema nervioso entérico es la red compleja de millones de neuronas que reviste las paredes del tubo digestivo y controla la digestión de forma casi independiente.

Esta red puede desencadenar cambios emocionales en chicos y grandes con síndrome del intestino irritable y problemas intestinales como estreñimiento, diarrea, hinchazón, dolor y malestar estomacal.

Durante décadas, los médicos creyeron que la ansiedad y la depresión contribuían a estos problemas, pero investigaciones revelaron que también puede ser al revés.

Se ha encontrando evidencia de que la irritación en el sistema gastrointestinal puede enviar señales al sistema nervioso central que desencadenan cambios de humor.

Estos hallazgos explicarían por qué un porcentaje mayor de lo normal de pacientes con síndrome del intestino irritable y problemas intestinales funcionales también desarrolla depresión y ansiedad.

Fuente: MedlinePlus

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