Opinión

DUELE

  • Sepultan a la periodista Roxana Guzmán destazada y cocinada en un tambo

Por Edgar Hernàndez*

 @LíneaCaliente

Duele.

Criminalizada y vituperada por un régimen incapaz de reconocer la actividad periodística y “caso cerrado” para una Fiscalía a modo tras la aprehensión de policías y narcos involucrados en el asesinato de Roxana Guzmán, el gobierno de Nahle da vuelta a la página.

El fin de semana entregaron a la familia restos calcinados para que este lunes se proceda a su cristiana sepultura.

De nueva cuenta el silencio de la máxima autoridad prima ante un hecho inédito -no que asesinen periodistas en Veracruz que ocupa el primer lugar en atentados- como fue la difusión de un video donde se muestra el levantamiento de la periodista en su propio domicilio.

Ello daría lugar a la identificación del grupo delincuencial, la policía cómplice y la identificación “científica” de la comunicadora mutilada y hervida hasta su parcial disolución en un perol de acero.

Ahí detenidos quedaron para cerrar la carpeta, Javier Iván “N”, alias “Delta1”, José del Carmen “N”, Alias “Delta 7” y Luis Arturo “N”, alias “Deta 11” o “El Pelón”, por su presunta participación en la privación de la libertad de la víctima, y posteriormente en complicidad con Karen Monserrat “N”, alias “La Hiena”, en el homicidio de la comunicadora.

Ahí están como justificante del atroz asesinato en contra de quien Nahle siempre se refirió como la “señora Roxana” y a lo más que se remitió fue a llamar a la “prudencia” ante el reclamo de la opinión pública.

¿Es posible ser prudente o hubiera sido mejor presentar pruebas de la real actividad delincuencial de la víctima como presumen y publican amanuenses del régimen?

¿De verdad le dejaba más dinero el crimen que la reporteada, sobre todo luego de observar las condiciones de pobreza de Roxana que vivía en un barrio miserable?

Peor aún.

¿A qué se debe el silencio oficial parecido al sucedido en enero del presente año cuando fue asesinado a mansalva el reportero de nota roja, Carlos Castro, luego que sujetos armados ingresaron al negocio familiar TrogueBirria, propiedad de sus padres y abrieron fuego de manera directa, causándole la muerte?

Y qué decir cuando el pasado 11 de junio el periodista -el parte oficial justifica que era taxista- de Poza Rica, Luis Ángel López, quien tras discutir con un comandante policiaco de la plaza sería asesinado de 18 balazos.

Aquí la única conclusión que se antoja es la alianza que en abierto se tiene con la criminalidad y, en otro sentido, el brutal desprecio en contra de los representantes de los medios de comunicación.

Pareciera que se pretende su exterminio.

El gobierno no soporta la crítica, menos la denuncia pública con pruebas.

La Impunidad los obliga a la represión, a matarlos físicamente o de hambre, a guardar cero relaciones publicitaria y cobijarse en un puñado de chayoteros de dos pesos dispuestos a comer perro.

No hay diálogo ni se quiere.

Se aferran a una mentira dicha mil veces hasta convertirla en verdad y en ese afán cada día dan un paso más atrevido.

Lo de Roxana, por más que se diga lo contrario, habrá de marcar para siempre al régimen.

Así sucedió con Regina Martínez a quien se buscó criminalizar. Lo mismo pasó con Yolanda Ordaz, de Notiver, decapitada y a Milo Vela cocido a tiros en su recamara.

Y ya van 36 los muertos del 2004 para acá y contando…

Tiempo al tiempo.

*Premio Nacional de Periodismo