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‘NADIE AYUDA A LAS VÍCTIMAS’

Agencia Reforma

Cuernavaca, Morelos 8 marzo 2026.- Una valla metálica, instalada por primera vez frente al Palacio de Gobierno de Morelos, fue lo que encontraron ayer las manifestantes que marcharon para protestar por los feminicidios de dos estudiantes universitarias y la violencia sistemática contra las mujeres.

La rabia e indignación por Kimberly Joselín y Karol Toledo, estudiantes de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM), campus Chamilpa, cuyos cuerpos fueron hallados esta semana, se toparon con ese muro que las mujeres intentaron infructuosamente derribar.

«Pareciera que no comprenden qué es lo que queremos. No se va a romper por romper, no se van a destruir las cosas porque queramos, o porque sea vandalismo, o porque somos delincuentes o no sé qué tantos términos utilizan para nosotras.

«Es una manera de hacer ruido, de decir: ‘Algo está mal, escúchenos. Por favor, que alguien salga a platicar con nosotras’», dijo Valeria, de 22 años, estudiante de la UAEM.

Desde muy temprano, las jóvenes cuernavaquenses se dieron cita en las inmediaciones del plantel de la Universidad para marchar rumbo al Zócalo.

En el camino, se unieron a la convocatoria de los colectivos feministas, que congregaron a cientos de mujeres desde las 10:00 horas en la Glorieta de Tlaltenango.

En las tres horas que duró el recorrido, las manifestantes no dejaron de gritar consignas con las que expresaron su sentir sobre la inseguridad en su estado, segundo lugar en feminicidios, sólo por debajo de Sinaloa.

«Vine a estudiar, no a desaparecer», «Claudia (Sheinbaum) no me cuida, me cuidan mis amigas», «Ni una más, ni una más. Ni una asesinada más», se escuchaba fuerte en las calles ocupadas por cientos de mujeres que marcharon vestidas de negro, en señal de luto por las universitarias asesinadas y todas las víctimas de violencia.

Los carteles contaban la misma historia de indignación: «Grito porque cuando hablé no me escucharon», «Hoy marcho con mi hija para mañana no hacerlo sin ella», «Calladita no me veo más bonita, calladita. ¡No me veo!».

Hubo contingentes de maestros, madres con sus hijos, estudiantes, personas con discapacidad y familiares de las víctimas.

Entre las manifestantes estuvo Rocío Lara Medina, madre de un alumno de la UAEM, que marchó con un cartel en el que señaló a la Rectoría y el sindicato de esa casa de estudios por encubrir a maestros y alumnos violentadores.

«Hay venta de droga, hay prostitución, hay acoso a alumnas. Ya estamos hartos de que no pongan atención a lo que está pasando adentro de la Universidad», reprochó.

EL BLOQUE NEGRO

Durante casi todo el recorrido, el bloque negro pasó desapercibido, pero al llegar al primer cuadro de la ciudad, donde se encuentra la Plaza de Armas y el blindado Palacio de Gobierno, tomó protagonismo.

Las manifestantes sacaron de sus mochilas resorteras, martillos, latas de pintura en aerosol, contenedores con combustible, encendedores, pinzas para cortar metal y explosivos caseros.

«Hijos de su madre, están bien gruesas», exclamó una joven vestida de negro que inspeccionó las cadenas que unían las placas de metal.

Uno de los cohetones inició fuego en una parte alta de la fachada del Palacio, que rápidamente se extinguió con el aire.

Las manifestantes arrojaron piedras y lograron reventar varios de los cristales del inmueble gubernamental.

Mientras unas «accionaban», había otro grupo de mujeres con el rostro cubierto que se dedicó a vigilar que no se documentaran los destrozos.

Intentaron vulnerar el cerco con patadas, una cuerda y piedras, pero no hubo éxito.

El resto de las mujeres que se manifestaron coreaban: «Fuimos todas» y «Esas morras sí me representan».

Al cabo de una hora, el bloque negro decidió que era mejor retirarse. Poco a poco, las mujeres abandonaron la explanada. Pero su rabia, los letreros y las pintas se quedaron ahí.

Valeria consideró que las condiciones en las que se desarrolló la manifestación es una muestra de que nadie en el Gobierno «mete las manos por las víctimas».

«Es un movimiento de unión, de mucha comunidad, de mujeres que estamos alzando la voz para que realmente veamos un cambio y que dejen de pasar estas situaciones como el feminicidio de nuestras compañeras», sostuvo.

La inédita instalación de la vallas metálicas, dijo, evidencia que la Administración encabezada por Gobernadora morenista Margarita González no entiende las exigencias de las mujeres.

La universitaria consideró que blindar al Palacio fue como darles la espalda a las morelenses.

Por más que gritaron, pintaron, golpearon el muro y rompieron algunos vidrios, nadie salió a hablar con ellas.