CULTURA Y TURISMO

DEFIENDE ALMA DELIA EL PROCESO CREATIVO

Monterrey, NL 16 octubre 2026.- Para la escritora Alma Delia Murillo, el valor del arte no reside únicamente en el resultado, sino también en el proceso creativo que lo hace posible.

 La autora de La cabeza de mi padre cuestionó la clonación de voces mediante inteligencia artificial (IA), una tecnología con la que experimentan algunas plataformas de audiolibros y que plantea dilemas éticos para escritores y actores de voz.

 “Creo que tenemos que quitarnos de encima este deslumbramiento de la ‘inteligencia artificiosa’, que es la manera más correcta de llamarla.

 Inteligencia fingida, de hecho, porque eso es picar un botón y anular el proceso y el arte, que es lo que nos tiene aquí, también se debe a un proceso”, dijo Murillo.

 La escritora habló sobre la posibilidad de que las voces humanas sean sustituidas por reproducciones artificiales, despojando así a la narración de su dimensión personal.

 “Espero no vivir el día que se haga con voces sintéticas, que no deberían decir ‘voces’.

 La voz es nuestra. Es un acto que sale de mi aparato fonador, de mi corazón, de mi respiración y, si me callo, ya no está”, indicó.

 La autora participó en el conversatorio “El libro como voz: Cuando las historias se escuchan”, realizado en la FIL Monterrey, donde se abordaron las posibilidades de los audiolibros para ampliar el acceso a la literatura, así como los desafíos éticos de la clonación de voces.

 En el encuentro también participaron Anasofía Sánchez, directora de la compañía Audible, y la periodista Verónica López, bajo la moderación de Magali T. Ortega, creadora de contenidos de la página “Chismecito Literario”.

 Sánchez destacó que los audiolibros pueden contribuir a democratizar el acceso a la literatura en México al ofrecer una mayor variedad de títulos a precios más accesibles, y abrir nuevas oportunidades de difusión para los escritores.

 “Lo otro interesante de la tecnología es que nos permite democratizar y traer a muchos más autores emergentes, porque no tenemos la barrera de la distribución”.

 Murillo sostuvo que tanto la lectura como la escucha despiertan emociones y permiten establecer una relación íntima con las historias.

 “Escuchamos y leemos con el cuerpo. Por eso seguimos interesados en las historias, porque emocionan. Nos hace sentir cosas. No tienes un corazón para emocionarte cuando lees y otro para emocionarte cuando escuchas”, comentó.

 La periodista López planteó que la lectura debe asumirse como un acto de resistencia, no frente a las nuevas tecnologías que amplían las posibilidades de acceder a los libros, sino ante el ritmo acelerado de la vida contemporánea.

 “Leer como resistencia tiene que ver también con la ralentización, que la lectura pueda convertirse en ese espacio, en ese paréntesis donde la vida tiene otro ritmo, en donde no hay presión”.