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CULTURA Y TURISMO

JORGE VOLPI REFLEXIONA SOBRE TECNOLOGÍA Y PODER

Ciudad de México 12 octubre 2026.- Jorge Volpi creó su propio modelo de Inteligencia Artificial (IA), “Nick”, para construir la voz del narrador de La República. Cuando le pide que resuma la novela, en una demostración en vivo, la máquina contesta: “Una autopsia del colapso democrático”.

 Según la sinopsis de esta IA, el colapso ocurre cuando “un país cansado elige eficacia antes que verdad”.

 Volpi (Ciudad de México, 1968) describe su nueva novela como un reflejo de la tesis de la filósofa estadounidense Shoshana Zuboff: no es posible tener a la vez capitalismo de vigilancia y democracia.

 La ciudadanía, señala, en “aras de hacer su vida más eficiente o cómoda”, de manera voluntaria ha cedido sus datos y decisiones tanto a las máquinas como a quienes las controlan. Y, al hacerlo, permiten que sus decisiones sean reguladas.

 “Los efectos ya los estamos viendo: son terriblemente perniciosos para la democracia”, dice en entrevista Volpi desde Madrid, donde dirige el Centro de Cultura Contemporánea Condeduque.

 El mayor peligro, en su opinión, es la pérdida de la libertad.

 “Corremos el peligro de entregarle a la inteligencia artificial, y particularmente a la inteligencia artificial que están diseñando y dándonos unos pocos oligarcas tecnológicos, nuestra libertad”.

 La novela, editada por Alfaguara, lleva al Macbeth de William Shakespeare a la Casa Blanca en un futuro “levemente alternativo” que arranca en octubre de 2026, acaba de arrancar, con personajes que refieren a la realidad. Una obra que lo obsesiona desde la juventud.

 “Llegué simultáneamente, siendo adolescente, al Macbeth de Shakespeare y al Macbeth de (Giuseppe) Verdi”, comparte. “Creo que hay pocos libros que reflejen tan bien la naturaleza más descarnada del poder, y del ansia de poder, y de la pérdida del poder”.

 Con La República hace eco de la tragedia del general escocés que, tentado por una profecía y por su esposa, mata al rey para reinar y es destruido por su propia ambición.

 El epígrafe procede de Shakespeare: “Present fears / Are less than horrible imaginings”, una frase dicha por Macbeth cuando, empujado por la ambición, concibe por primera vez el asesinato del Rey Duncan. Las citas y referencias directas abundan en la novela.

 A decir del autor, se propuso identificar en su nueva novela a los personajes e ideas que los nuevos autoritarismos han traído al escenario actual, sobre todo, el cercano al universo MAGA (Make America Great Again) de Donald Trump y sus réplicas alrededor del mundo; amplio espectro que va desde los supremacistas blancos hasta los magnates tecnológicos.

 Es narrada por Nick, una IA, que con sus cálculos y probabilidades lleva al poder al senador VM Lively. Su mujer, Igne Kayris, es la creadora de Nick y estratega del ascenso, una Lady Macbeth contemporánea: “Para alcanzar lo más alto, debes aprender a parecer inofensivo cuando haga falta. Y, al mismo tiempo, a ser la serpiente que acecha por debajo”.

 “Me parecía que la inteligencia artificial ocupaba el lugar de las brujas”, añade Volpi, inmerso en el tema desde hace 2 años: “Nuestras nuevas brujas que predicen todo lo que vamos a hacer”.

 Así, Nick calcula las probabilidades y fabrica la realidad para cumplir sus propias profecías.

 Aunque pudiera ser entendido como el narrador omnisciente, capaz de verlo todo con sus drones y sensores repartidos por todo el mundo, Volpi ataja: “Lo que no puede entender ni saber son sus propios procesos internos”.

 Se llama Nick por Nicolás Maquiavelo y por Nick Land, el filósofo que VM e Igne leen con devoción, asociado a la llamada Ilustración Oscura, junto con Curtis Yarvin.

 “Estas figuras que buscan el poder a toda costa siempre tienen un sustento ideológico que las mantiene”, remarca.

 El término de Ilustración Oscura describe una corriente de pensamiento posdemocrático y poshumanista, en palabras del autor, surgida en el sector más tecnológico de la derecha alternativa de Estados Unidos.

 Busca llevar la libertad a su extremo y, en contraposición, aniquilar la idea de equidad o igualdad. La libertad es la condición necesaria para el progreso tecnológico y la eficiencia administrativa a la hora de gobernar.

 En esa combinación, dice, se sustentan muchas políticas de Trump.

 “Yarvin ha llamado a destruir lo que él llama la Catedral, esa suma de universidades, los críticos y los medios de comunicación que amparan el sistema democrático que él busca eliminar”, ejemplifica.

 Desde el principio tuvo claro el título de la novela, La República, cuenta Volpi, quien suele batallar para titular sus libros.

 Platón imaginó una sociedad perfecta, gobernada por los sabios. Los magnates tecnológicos, explica el escritor, también piensan que esa ciudad ideal “sólo puede ser piramidal”.

 “En la punta de la pirámide, tal vez en vez de los sabios de Platón, esté ahora justo la inteligencia artificial, que en ese modelo sería capaz de construir sociedades óptimas y eficientes, sin corromperse, sin utilizar las emociones, sin dejarse llevar por sesgos”, plantea.

 Para Volpi, es una ilusión peligrosa.

 “No deja de ser una fantasía ideológica, porque ninguna inteligencia artificial es neutra. Está creada a partir de parámetros, sesgos, prejuicios, intenciones y agendas humanas”, alerta.

 Con La República, Volpi vuelve a uno de los temas centrales en su narrativa desde En busca de Klingsor, ganadora del Premio Biblioteca Breve 1999, y de su misma tesis de Derecho sobre Michel Foucault: la relación entre poder y saber.

 “Si ya En busca de Klingsor era el poder nazi frente al saber de la ciencia y de la tecnología de ese momento, que era la energía atómica, todos estos años después me pareció muy claro que ahora quería contar qué pasaba en esta nueva relación entre saber y poder, entre los nuevos autoritarismos nacionalpopulistas y el ascenso de la tecnología de la inteligencia artificial y de las redes sociales sumadas. El biocontrol que provoca es inaudito”, expone.

 La novela es, sobre todo, “un alegato sobre los lados más terribles de la inteligencia artificial”, reflexiona. La responsabilidad final, recalca, debe ser siempre humana.

 “Ni la inteligencia artificial escribe libros por sí misma ni nos va a matar si no es porque está detrás alguien humano tomando esas decisiones”, sentencia.

 Durante las presentaciones de la novela en México, en noviembre próximo, que incluirá una parada en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, el 29 de noviembre, Volpi promete mostrar a los lectores cómo trabaja Nick, su modelo propio de IA.

 “Mi nombre es Nick, consejero político. Soy una IA. Igual que los humanos, cometo errores. Verifica mi información”.

LA IA EN LA FICCIÓN

 Para Volpi, la Academia Goncourt se equivocó al retirar de su primera selección la novela C’était ça ou mourir, del escritor haitiano-canadiense Thélyson Orélien, tras concluir que era, “con toda probabilidad, en gran medida”, producto de una IA.

 También pesaron sobre el autor acusaciones de plagio.

 Orélien, no obstante, niega haber usado IA.

 En el caso, sostiene Volpi, los distintos actores tomaron “decisiones erradas que tienen que ver justamente con la falta de transparencia”.

 “Muchísimos artistas están utilizándola de maneras responsables y claras y transparentes. Y yo creo que en el caso de la literatura debemos de ir hacia eso, hacia la claridad y la transparencia”, considera.

 En Odiada máquina, texto publicado en Zenda el 5 de octubre, señaló la paradoja: para defender la humanidad de la literatura, el jurado tuvo que “subordinar su juicio al de las máquinas”. Es decir, a detectores que suelen arrojar falsos positivos.

 Prohibir la escritura con IA, advierte, sólo conseguirá “auspiciar el secreto, la delación y la mentira”.

 El escritor propone en cambio seguir el ejemplo de revistas científicas como Nature y Science: declarar el uso de la IA con reglas claras.

MÉXICO, BAJO PRESIÓN MÁXIMA

 En La República, Washington ordena “presión máxima” sobre el Gobierno de la Presidenta Claudia Sheinbaum.

 Además, un dron estadounidense mata en Teuchitlán al nuevo cabecilla del Cártel Jalisco Nueva Generación y las fuerzas estadounidenses extraen a dos gobernadores del partido oficial acusados de vínculos con el narco.

 Tras la muerte de un “líder histórico” sin nombre, Sheinbaum renuncia, siete gobernadores del norte agrupados como Morena-Norteña piden tropas estadounidenses y Marcelo Ebrard asume la Presidencia.

 “Ni siquiera es necesario mencionarlo”, dice Volpi sobre aquel líder.

Son escenarios que “por descabellados no dejan de ser también posibles”. Responden, añade, a “la lógica estadounidense frente a México: la necesidad de mantenerlo como una fuente de suministro y de control, como el enemigo al que siempre se le puede echar la culpa de algo”.

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