Opinión

LA DELIBERACIÓN PÚBLICA

Uriel Flores Aguayo

Cuando se dice deliberar se supone el diálogo y el debate, y opiniones en dos y más sentidos. Hay una vida pública con deliberación del mismo carácter. Viaja en una especie de rueda de la fortuna, sube y baja, está arriba y abajo. De pronto se instala en un sunami, con velocidad suficiente para mostrar un tema apenas unas horas y después arrasarlo hasta que desparezca. Ahora los debates duran poco, a veces un día; su alcance no va más allá de la coyuntura. Los opinadores y debatientes son los menos, una especie de círculo rojo, con los mismos, a excepción de temas fuertes, de los que sacuden conciencias.

Pasa el tiempo y el déficit de diálogo se incrementa; pocos avances en una cultura tolerante. Gana lo inmediato y la descalificación: es más fácil y no exige pensar mucho ni adoptar posturas respetuosas. Se observa una tendencia por exaltar ciertos temas que no resisten unas horas de vigencia, agotando tiempo y energía. No es fácil, pero las posturas críticas deberían escoger mejor sus peleas, para no caer en lo previsible, lo fugaz y lo intrascendente.

El mundo del internet, de lo digital y la inteligencia artificial están moldeando un ambiente público que reivindica la cantidad sobre la calidad y la rapidez sobre la serenidad. Todo eso llegó para quedarse, es el tiempo que nos tocó vivir. La política tiene un espacio hegemónico en la deliberación pública, sin que aporte riqueza argumentativa, datos y evidencias. El debate político empobrece el resto del debate, es elemental y separa en lugar de unir; carece de un sentido pedagógico y de visión plural; su lógica es dominar la narrativa y desconocer al otro. Me parece que la sociedad gana poco con un debate político que dice poco y enseña menos. Independientemente de la correlación de fuerzas políticas y los tamaños partidistas, es exigible un mejor nivel cultural e intelectual de sus voceros.

La sociedad pierde si sus políticos no estudian, no se esfuerzan por manejar conceptos y formular posturas inteligentes. El reto para el ciudadano es escudriñar en la masa informativa y de opiniones para seleccionar la verdad y lo mejor. Estamos saturados de opiniones en las redes sociales, tantas que pueden formar una montaña, siendo prácticamente imposible acceder a todas o, si fuera viable, comprenderlas mínimamente.

Estos son tiempos para repensar y revisar todo lo que signifique decir algo públicamente, opinar, debatir y otros elementos de la deliberación pública. Hay condiciones cambiantes y retadoras de la disposición a escuchar, dialogar y tener la capacidad de modificar conductas. Nada es estático, se aprende de todo y se acumulan experiencias.

Recadito: festejo del aniversario treinta y siete del MOPI el cuatro de octubre.