VECINOS SACAN PROVECHO EN AGOSTO
La Fenapo desata la locura comercial en San Luis Potosí y los vecinos se avientan a vender de todo para sacar una lana extra.
La feria más sonada de San Luis Potosí no solo trae puro perreo, desmadre y artistas de primer nivel, sino que también desata la locura por el dinero entre los vecinos de la zona. Como ya es toda una tradición que nadie puede parar, las inmediaciones del recinto ferial se convierten durante varias semanas en un gigantesco tianguis donde cualquiera que tenga un espacio libre busca la manera de ganarse unos buenos pesos aprovechando la marea de gente que desfila rumbo a los conciertos.
Lejos de los escenarios principales y de los reflectores de la farándula, la verdadera jugada económica se arma a pie de calle con puestos improvisados que venden desde antojitos grasosos hasta bebidas bien frías para calmar la sed de la raza. Las familias que viven por el rumbo ven en esta temporada el pretexto perfecto para abrir las puertas improvisadas de sus cocheras o sacar mesitas a la banqueta, transformando la afluencia masiva de curiosos y fans en una auténtica mina de oro temporal.
Sin embargo, para que la fiesta no se salga de control, las autoridades municipales tuvieron que poner cartas en el asunto bajo un esquema de tolerancia vigilada. José Ángel de la Vega Pineda, mero mero de la Dirección de Comercio Municipal, dejó bien claro que estos permisos son nomás de adorno temporal y se manejan estrictamente como ventas de temporada, evitando a toda costa que los vivales se quieran apoderar de las calles para siempre.
La regla de oro impuesta por el municipio es muy clara: se vale rascarse con sus propias uñas y vender comida o chunches para ganarse la vida, pero ni se atrevan a meter alcohol o a invadir de más las banquetas. Los inspectores ya tienen la orden de andar patrullando la zona a pie firme para evitar pleitos cazados entre comerciantes y frenar cualquier abuso que quiera pasarse de la raya durante el pachangón ferial.
La idea principal de este permiso express es darle chance a la raza local de alivianar sus bolsillos ante la cuesta de la vida, dejándolos chambear en paz mientras dura la feria. Aunque muchos sueñan con quedarse con su pedazo de banqueta todo el año, la frontera es más clara que el agua: en cuanto se acabe la última canción del último concierto, la tolerancia se esfuma y todos a recoger sus bártulos a sus casas.
