LA RESILIENCIA DE TINO FERNÁNDEZ: DESDE ÍDOLO INFANTIL HASTA HOY
Monterrey, NL 29 julio 2026.- Pudo haberse quedado en un rincón llorando, triste, enojado contra Dios o el universo, pero ¿qué arreglaba con eso ante el hecho de perder el brazo izquierdo?
Tino Fernández entendió que nada positivo sacaría si abría la puerta a la amargura por la desgracia de perder la extremidad en un accidente de auto ocurrido en Murcia, España, en el año 1999, porque lo más fuerte que enfrentó fue el sobrevivir al traumatismo craneal que lo mantuvo hospitalizado.
Gracias al carácter pragmático que heredó de su padre Próspero Fernández, es que Tino recuperó la alegría de la “Ficha Roja”, el chaval que a sus 12 años de edad se convirtió en el “crush” de niñas y adolescentes de la década de los 80, en España y América Latina, como integrante del grupo Parchís.
Este sólo es uno de los muchos capítulos de la vida del artista español que llegó a Monterrey dispuesto a abrir el corazón, sus éxitos y las dolencias del alma, en un conversatorio que compartirá con Elías Cervantes (del grupo Magneto) y Juan Ramón Palacios, conocido conductor de radio y tv.
La cita es mañana jueves 30 de julio, en el Hotel Quinta Real, a las 10:00 horas.
“Tanto Juan Ramón, como Elías, como yo mismo, hemos atravesado multitud de situaciones exitosas en la vida así como complicadas y vamos a dar testimonio de cómo hemos sorteado esos momentos complicados y cómo hemos celebrado las alegrías que nos ha tocado vivir”, expresó Tino, quien ya está en tierras regias.
“Yo no me veía aquí, ha sido la gente la que me decía ‘tienes una historia que contar muy chula’, pues no todo el mundo a los 12 años forma parte de una banda tan exitosa como Parchís y por azares del destino pierdo el brazo en un accidente de coche y sigue pa’ lante de eso”.
SU VIDA: UN JUEGO LLAMADO PARCHÍS
Si traumas ni reproches, para Tino ser sorprendido por la fama siendo un niño de 12 años, le cambió la vida para bien y le permitió jugar a cantar, viajar y conquistar a un público que 45 años después no lo ha olvidado.
“Éramos cinco niños (Gemma, Yolanda, David y Frank), yo era el mayor, tenía 12 ¡imagínate! (Parchís) era un juego que no tenía nadie, que fue entrañablemente divertido. Yo no cambiaría ni una coma, lo disfruté mucho, me ha hecho la persona que soy hoy, con todas las imperfecciones que arrastro porque aquí virgencita, virgencita, nadie es inmaculada”, comentó.
“Estoy satisfecho con Constantino Fernández con 59 tacos (años)”.
Junto a Parchís conoció al mundo y las mieles del éxito que se esfumaron cuando se retiró de la música.
Y aunque por años se mantuvo lejos de los reflectores, nunca se olvidó de las gratas experiencias que ganó como niño cantante.
“Hubieron situaciones que seguramente no eran las más normales ni adecuadas para un chico de 13 años porque todo era muy acelerado, muy exitoso. Yo tuve mis primeras experiencias sexuales muy pronto y seguramente en otros casos podrían causar algún tipo de prejuicio, pero yo las experiencias que tuve fueron con gente maravillosa”.
UNA PRÓTESIS NO FUE OPCIÓN
Aunque consideró la posibilidad de una prótesis del brazo que perdió, la descartó cuando después de varios estudios los médicos le dijeron que no iba a poder sostener ni un vaso con agua.
“Estuvimos haciendo pruebas, en fisioterapia, pero me ha quedado un arco de palanca muy cortito. La conclusión a la que llegaron los profesionales que iba a cumplir una función meramente estética. ¿Sabes qué? al que no le guste (verlo sin brazo) que no mire”.
Contó que en el accidente nunca tuvo dolor, a pesar de que el capacete del auto le arrancó el brazo de un solo tajo.
Nunca tomó terapia ni por su salida de Parchís ni por el choque de auto.
Tino ha podido salir adelante por ser un hombre práctico, porque así lo aprendió de su padre, a quien perdió el 27 de abril. Tenía 95 años de edad.
“Tengo la suerte de haber heredado el carácter pragmático de mi padre. Tenía unas frases lapidarias. Cuando sufrí el accidente de coche, me suben del quirófano y lo primero que hizo fue quitarme las vendas porque quería ver cómo estaba. Mi mamá y mi mujer estaban en la cafetería llorando desesperadas. Al subir les dice ‘shhh, lo tiene como una perita, está todo perfecto’. Ese era mi padre”.
“Las cosas son como son, el brazo no va a crecer por mucho que estemos ahí llorando. Es lo que hay. Ahora tardo más por la mañana en atarme los tenis, si tienes prisa ve caminando que ya llegaré”.
